Pero hasta el final seguirá peleando. Aunque solo sea por salvar el honor de Guardiola, el técnico que los ha colocado en el centro del mundo. En Vallecas, ni 40 minutos de partido, y el Barça ya ganaba con comodidad (0-3) porque Messi se ha empeñado, además, en irse de vacaciones con un par de récords personales. El Pichichi, ya empatado con Ronaldo (43 y 43), y el récord de otro siglo de Gerd Müller (65 para Leo, 67 para el Torpedo).
Tras una semana trágica (derrota con el Madrid, eliminación europea con el Chelsea y adiós de Guardiola), el equipo se ha levantado al instante con esa fuerza competitiva que anida ahí dentro. Y eso que el Rayo, valiente, atrevido, se había ido a buscar a los azulgranas al área de Pinto. Sí, ¡Pinto, titular! Pero no ha sido el único cambio sustancial que ha realizado el técnico en un equipo que no deja jamás de competir. Alves, por segundo partido consecutivo (Chelsea y Rayo), se ha quedado en el banquillo. Tal vez no sea casual porque Guardiola seguirá hasta el último día trabajando para el futuro.
Él no estará, pero sí Tito. Y este domingo, cuando Montoya, que ha conectado bien con el chispeante Pedro y el genial Messi, cabalgaba por la banda derecha estaba enviando dos mensajes. El primero es que hay vida más abajo con Montoya y la segunda es que si se despista el brasileño tendrá problemas. No solo en el futuro sino también en el presente. Ahora, cada partido, es un examen para cualquiera. No solo pensando en el hoy sino en el mañana. Para Messi, en cambio, los exámenes son a cada minuto. Ha participado en seis de los siete goles del equipo con una ambición desmedida, castigado él más que nadie por esa doble derrota que le devolvió a la condición humana. Este domingo, en el frío y lluvioso Vallecas, Messi se ha reencontrado con Messi.
Para empezar, y tras una recuperación de Alexis, que conectaba con el honrado Keita, antes de descubrir la irrupción de Pedro por la banda derecha, Messi ha marcado el 0-1. Jugada de toque, paciencia y arrancar espacios donde antes solo existían piernas de jugadores del Rayo.
En el segundo tanto, Messi se disfraza de Keita para robar un balón y abrirle la pradera vallecana a ese chileno valiente que juega cada partido como si fuera el primero de su vida. El disparo de Alexis no habría entrado, pero Rober, el defensa del Rayo, se ha comido el palo y ha llevado la pelota a la red. Además, se ha lesionado.
En el tercero, otra jugada celestial de Messi ha permitido a Keita hallar el premio que merecía. Pasados los cinco minutos iniciales de susto mientras Pinto le cogía las medidas a las botas, el Barça se ha dado un festín. Gracias a la conexión de sus tres delanteros (Pedro, Alexis y Messi), el equipo ha vivido tranquilo. Ha llegado y ha marcado. Mientas tanto, Puyol, un coloso, y Mascherano, fiable, no han dejado solo al novel y poderoso Montoya, en quien Guardiola confía tanto que ha empezado de lateral derecho y luego, cuando ha entrado Alves, ha acabado de lateral zurdo.
Con Cesc, Iniesta y Valdés en el banquillo, Piqué y Xavi en casa lesionados, el Barça ha demostrado que juega con honor. En la segunda mitad, ha corrido más que en la primera y ha marcado más: Pedro, Thiago de un cabezazo, Pedro, de nuevo, y Messi para concluir como ha empezado. Donde ha querido y como ha querido Leo. Mientras Pinto volaba con acierto por Vallecas la noche en que ha reaparecido Afellay y ha dejado sola, y ya sin vallas, a la Cibeles.