Si los Juegos Olímpicos deben ser la máxima expresión de la deportividad y el juego limpio, el partido entre las selecciones de España y Honduras del pasado domingo fue un claro ejemplo de lo que no debe ser una contienda deportiva: marrullerías, pérdidas de tiempo, protestas al árbitro y patadas.
Información publicada en la página 313 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 31 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Nada de todo eso tiene que ver con lo que se supone que debe inspirar el movimiento olímpico, un espíritu del que el fútbol ya suele mostrarse muy alejado, como se hace evidente en sus competiciones (Ligas, Copas, Champions, Eurocopas y Mundiales) y, por contraste con otras disciplinas, en unos Juegos. Por eso el triatleta español Javier Gómez Noya lanzó ayer una dura crítica al fútbol, en general, y a los jugadores de la Rojita y Honduras, en particular, hasta el punto de afirmar que este deporte, el de mayor incidencia y trascendencia en el mundo, no merece estar en una cita así. «No creo que el fútbol deba ser olímpico: no compiten los mejores y ese rollo de tratar de engañar al árbitro, tirarse, protestar... No en JJOO!».
Gómez Noya, doble campeón del mundo (2008 y 2010), triple campeón de Europa (2007, 2009 y 2012) y cuarto en los Juegos de Pekín 2008, hacía referencia al mal perder de los jugadores españoles, que zarandearon al árbitro al final del partido (especialmente lamentable fue la actitud de Muniain) y también a las constantes pérdidas de tiempo de los hondureños, simulando faltas. Teatro del bueno, nada que ver con el olimpismo.