Trece títulos en el zurrón y la posibilidad del optar al decimocuarto en el horizonte. Con el 1-1 arrancado en Mestalla, el Barça se encuentra en puertas de disputar la 12ª final cuando concluya la cuarta temporada de Pep Guardiola en el banquillo. Ha disputado y ganado las dos de la Supercopa de Europa, las dos de la Champions, las dos del Mundial de Clubs y dos de las tres de la Copa del Rey, al margen de las tres (a doble partido) de la Supercopa de España. La abundancia de acontecimientos y partidos cruciales contrasta con la oportunidad única que se le presenta al Valencia.
Información publicada en la página 52 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 08 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Guardiola mantiene alta la cautela. Ayer, en cambio, no se atrevió a hacer un llamamiento como en las grandes ocasiones, pese a que insinuó la necesidad que tiene el equipo de ver el campo lleno. «Nosotros estaremos. Habrá once jugadores en el campo y siete en el banquillo. Los aficionados valientes que vengan serán bienvenidos», dijo, consciente del frío siberiano que volverá a abatirse sobre el Camp Nou.
LA CONSIGNA / Habrá 11 jugadores y 7 en el banquillo, pero no se sabe quiénes. Sí sabrán cuál será la consigna para llegar a «la cita más bonita del año». La avanzó el técnico. «Ya les he dicho que solo pasaremos a la final si ganamos el partido», dijo Guardiola, que descarta el 0-0 que clasificaría el Barça. «Conociendo al estadio me imagino qué pasaría si vamos 0-0
a 15 minutos del final», bromeó, aludiendo al desasogiedo que recorrería las tres gradas. Ya sucedió el sábado ante la Real con el 2-1. Peor sería aún llegar a la tanda de penaltis con Diego Alves en el marco visitante.
El Manchester United y el Madrid se han convertido en los últimos años en los rivales a batir. Pero no hace mucho, el Valencia era la auténtica piedra contra la que se estrellaba el Barça. Louis van Gaal no debe haber olvidado los disgustos que le ocasionó el once levantino, cuando el Piojo López se ponía las botas. Tampoco los habrán olvidado los dos únicos supervivientes de aquellos duelos. Xavi y Puyol han sido testigos y víctimas de los destrozos que causaba aquel Valencia. También son supervivientes de la última cita copera frente a los ché: la semifinal de la temporada 2007-08. El Barça de Frank Rijkaard empató en casa (1-1) y cayó en la vuelta (3-2).
MUCHAS INCÓGNITAS / La era Guardiola, en cambio, destaca por la fiabilidad del equipo en los grandes momentos. La final perdida ante el Madrid es la excepción que confirma la regla. A pesar de las ausencias que sufriera el equipo en cada cita, una tónica que se repite en esta ocasión. No solo faltarán los lesionados de larga duración (Afellay, Villa, Fontàs), categoría en la que podría añadirse a Keita, que lleva un mes en la Copa de África. Iniesta y Pedro tampoco están en su plenitud, recuperándose de sendas lesiones musculares; Busquets tiene un tajo en la rodilla derecha - «si se reabren los puntos, estará más tiempo fuera del equipo», apuntó- y Alexis no anda fino del todo entre la clavícula y unas molestias en el aductor.
«Es un partido para hombres», afirmó, aludiendo a la exigencia del duelo, pero temeroso también de la gravedad que tendría la recaída de alguno de ellos. Guardiola no adelantó nada. Prefiere esperar al entrenamiento matinal para ver a qué jugadores puede recuperar. «Nunca hemos escondido a un jugador para sacarlo en el último momento, no pensamos en hacer la puñeta a los rivales», aseguró por esa falta de concreción de la que se le acusa. Una fama que empezó con la aparición de Messi en la ida de los cuartos de final frente a Osasuna.
«Sé que hemos ganado muchos títulos, pero estos jugadores quieren más, quieren llegar a otra final y pelear por otro», anunció Guardiola, garantizando la motivación del vestuario en puertas de la tercera final de Copa en cuatro años. Asumiendo, al mismo tiempo, las dificultades del Valencia. «No creo que llevemos una goleada a los 20 minutos», intuye Guardiola, que prevé, además del frío, noche de angustias y nervios. El mínimo peaje que se paga en puertas de otra cita con la gloria.
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