No hay peor tortura para un pelotero que correr tras el balón sin poder alcanzarlo jamás. Un suplicio que Cesc Fàbregas sufrió en su propia piel con el Arsenal cuando el Barça se cruzó en su camino enla Champions. Acostumbrado el equipo de Arsène Wenger a poseer el balón ante cualquier rival en la Premier (una filosofía no siempre bien aceptada en Inglaterra que ahora también aplica el Manchester City), sufría lo indecible cuando aparecía el equipo azulgrana.
Información publicada en la página 52 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 24 de diciembre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
«Era frustrante, desesperante. Sabías que no ibas a tener la pelota y te preparabas física y mentalmente para ello», explicó Cesc recordando los duelos contra el Barça. «Era una tortura ver correr el balón de un lado para otro sin poder alcanzarlo». Una razón más de Cesc para tomar la determinación de abandonar Londres y regresar a casa. Ahora también ve correr el balón, pero ese mosqueo insoportable ha desaparecido porque él es uno de los que lo mueve de arriba a abajo y de izquierda a derecha sin perderlo jamás.
Ahora es Cesc quien aplica a sus rivales el suplicio que le tocó sufrir. Y por eso hace mejor cara. De hecho, no ha dejado de sonreír desde que llegó al Camp Nou. No es para menos. «Es un placer notar la circulación del balón, ver cómo va de un sitio a otro sin parar, con Xavi e Iniesta al lado, que nunca lo pierden, que ven los pases y que sabes que siempre te van a devolver la pelota en las mejores condiciones», alabó el centrocampista de Arenys, rendido a la calidad de sus compañeros. Tras escucharle, se entiende aun más que Ganso, del Santos, expresara su deseo no de fichar por el Barça, no, tan solo poder jugar un partido con el equipo de Guardiola.
El ADN de la Masia
Esa es la suerte que tiene ahora Cesc, que apenas lleva cinco meses en el Camp Nou y parece que no se hubiera ido nunca. Es el ADN azulgrana que perduró en sus genes forjados en La Masia. Por eso ha sido titular en 14 de 28 partidos y por eso lleva 11 goles (8 en la Liga). Y con Thiago al lado (¿quién decía que eran incompatibles?). Así es Cesc, un centrocampista que hace de delantero y un goleador que se mueve sin rumbo fijo. Un suplicio para los rivales que persiguen el balón. El tesoro que ya es de Cesc.
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