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Si durante la retransmisión de un partido en España en el que juega el Barça, la afición marroquí se desmelena como un verdadero hincha, ¿qué puede pasar hoy cuando el equipo más querido de Tánger desembarque en Marruecos? La expectación que despiertan los azulgranas en la vida diaria se ve claramente en los frontales de los camiones y de los coches donde aparecen colgados los escudos del equipo, también en las camisetas e incluso en los envoltorios de chucherías. Y en una sola pregunta al interlocutor español -ya sea en la estación de autobuses, en las tiendas de ultramarinos o en la medina- se detecta la pasión que profesan los marroquís hacia el fútbol español: ¿Barca o Madrid?
CASABLANCA, 1974. Asensi, en el amistoso que jugó el Barcelona hace 38 años en la ciudad marroquí. ARCHIVO FC BARCELONA
Información publicada en la página 323 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 28 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los más experimentados conocen bien la idiosincrasia de la sociedad marroquí para responder satisfactoriamente a esta pregunta tan retórica en el reino alauí. «El Barca», es lo que quieren escuchar, especialmente los tangerinos, que identifican a este equipo con el proletariado y las clases más castigadas socialmente. Las camisetas del Barça se han vendido a borbotones en las medinas del país para asistir al amistoso de esta noche entre el Barça y el Raja de Casablanca, en lo que probablemente sea el estreno de Lionel Messi tras perderse el duelo de Hamburgo por lesión.
Duelo de ejes
Pero el encuentro, de la misma manera que está siendo acogido con júbilo por la afición, también ha levantado ampollas en el norte del país, que hubiera preferido ver jugar contra el Barça al equipo de sus amores, por ejemplo, el Magreb de Tetuán. «Queríamos un equipo del norte y no del eje Rabat- Casablanca como ha elegido la federación marroquí», dice Mohamed El Gul, redactor jefe de Radio Cap en Tánger. El alcalde de Tánger, Fuad el Omari, va incluso más lejos y condena la «lógica superioridad ejercida por Rabat y Casablanca». Precisamente la elección del Raja ha caldeado tanto el ambiente que las autoridades presagian comportamientos violentos, por lo que se ha puesto en marcha un amplio dispositivo de seguridad para evitar enfrentamientos entre los ciudadanos de Casablanca y de Tánger.
No sería la primera vez que tras un partido se desata una batalla campal. La violencia entre el público juvenil suele generarse dentro y fuera de los estadios. «Las autoridades no van a dejar a los jóvenes de Casablanca acercarse al centro de la ciudad para evitar los fantasmas del hooliganismo», añade El Gul.
El enfado de los tangerinos tocó ayer a rebato cuando descubrieron la arbitrariedad en los precios de las entradas para asistir al partido. «Mientras que un joven de Tánger debe pagar casi 100 euros, otro de Casablanca o Rabat solo abonará 30», explica El Gul.
Precios imposibles
«Ante este abuso, nos sumamos al público de la ciudad de Tánger y de la zona norteña para condenar esta discriminación, que es la expresión de las intenciones de los que toman la decisión deportiva en el centro», denuncia el alcalde de Tánger.
Las quejas no han propiciado la reducción del precio de las entradas en un país donde el salario medio no llega a 200 euros. Los miles de jóvenes azulgranas al borde de la indigencia -la verdadera afición- se tendrán que resignar a ver a sus ídolos en casa por el canal Media Sat 1. A un paso del sueño.