«Esta va por ti, Severiano». José María Olazábal no pudo evitar que la emoción aflorase delante de las cámaras y las lágrimas corrieran por su rostro el domingo, cuando Europa certificó el triunfo en la 39ª edición de la Copa Ryder, en el Medinah Country Club de Chicago, para rendir homenaje a su mentor y a un personaje fundamental para entender el golf en Europa.
Triunfador 8 Olazábal es levantado por Westwood (izquierda) y McDowell tras conquistar la Copa Ryder. REUTERS / MIKE BLAKE
Información publicada en la página 47 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 02 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La quinta victoria del equipo europeo (14,5 a 13,5) en la seis ediciones del siglo XXI es, seguramente, la que hubiera hecho sentirse más orgulloso al mítico jugador cántabro, fallecido en marzo del 2011 tras una larga batalla contra el cáncer. «Queríamos ganarla por Seve», admitió el jugador inglés Luke Donald, que inició el camino de la remontada europea del domingo
Fue Seve, precisamente, quien hizo renacer la Ryder forzando la entrada de jugadores del continente europeo en el equipo cuando la competición languidecía (hasta 1979 era un enfrentamiento entre EEUU y Gran Bretaña) y se convirtió en el abanderado de una generación triunfal (Lyle, Faldo, Langer, Woosnam...) y en uno de los símbolos de Europa formando una pareja casi imbatible con Olazábal.
El recuerdo de Seve, en realidad, ha sido la fuerza motriz que ha empujado a Europa durante el fin de semana y la que hizo que el inglés Justin Rose, al acabar el día triunfal, cogiera su manga delante de las cámaras de televisión, mostrara la silueta de Seve dibujada y luego señalara al cielo.
La silueta de Seve no solo estaba impresa en los polos y los jerseis del equipo europeo en el día decisivo de la competición, blancos y azules, el color que a Ballesteros le gustaba; también su perfil, levantando el puño por el triunfo en el Open Británico de St. Andrews en 1984, aparecía bordado en la bolsa de todos los jugadores. Y, por supuesto, sus gestas adornaron el vídeo preparado por Olazábal, con la ayuda de Pep Guardiola, para motivar al equipo antes de la embestida final. «A Pep le encanta el golf y hace tiempo hablé con él sobre cómo motivar a los jugadores; hablamos de su vídeo de la final de Roma y me he basado en él para confeccionar el que puse a los muchachos» , descubrió Olazábal en referencia a las imágenes de la película Gladiator.
«Hay que creer»
El recuerdo de Seve y la intensidad de las emociones vividas a lo largo del fin de semana fue lo que provocó el estallido emocional de Olazábal a pie de campo y el que volvió a repetirse un par de veces el domingo tras una batalla épica que acalló las voces de los cerca de 50.000 aficionados estadounidenses que intentaron arrastrar a su equipo a la victoria. «Este ha sido el momento más intenso y feliz de mi vida», reconoció el de Hondarribia, de 46 años.
Los 12 jugadores del equipo celebraron enloquecidos una victoria que se fraguó al más puro estilo Seve: firmando lo imposible, haciendo real una remontada en la que muy pocos creían cuando EEUU cerró la segunda jornada con un contundente marcador de 10-6. Europa necesitaba ganar 8 de los 12 duelos individuales del domingo. El milagro se hizo realidad.
«Les dije: yo creo. Como hacía Seve», descubrió ayer Olazábal que les dijo a los jugadores en una reunión en la noche del sábado, cuando la situación se había puesto muy peliaguda para los intereses del equipo después de los enfrentamientos por parejas. «Seve siempre ha sido un factor decisivo en el equipo europeo y cuando nos reunimos me di cuenta de que los chicos habían comprendido que lo más importante era creer».
Olazábal volvió a emocionarse en la entrega del trofeo, mientras tomaba la palabra y recordaba a su amigo, lo que hizo que sus jugadores se levantaran para aplaudirle. «Me alegro por Seve y también por nuestro capitán. Se merecía más que nadie esta victoria», explicó el castellonense Sergio García, uno de los héroes de la última jornada tras lograr un punto clave en su partido con Jim Furyk.
«Seve debe estar sonriendo allá arriba. Era la primera vez que no estaba con nosotros. Pero ha estado muy cerca en el corazón», fue la reflexión de Olazábal, convertido ya en leyenda entre los capitanes europeos de la Ryder tras una remontada histórica. Justo como Seve hubiera querido.