Emilio Pérez de Rozas
Periodista
Para entrar en el salón París del Camp Nou hay que pasar bajo la pasarela del estadi. Y es imposible no ver esos tres carteles que dicen Alliberant potencial humà, L'esperit de superació ens fa a tots iguals y Som el que ens proposem. Si, acto seguido, entras en una sala con nombre de éxito, más que de capital, y presidiendo la mesa, o casi, te encuentras a Tito Vilanova, el nuevo técnico del Barça, superviviente de un dolor que ninguno de nosotros quisiéramos para los nuestros, encorbatado como nunca y que dice, tras haber consultado con un montón de médicos («tantos que no lo pude hacer en un solo día»), sentirse «orgulloso, con fuerza e ilusionado ante el reto» que le espera, es evidente que la primera sensación que tienes es que no será por él, ni por los otros dos golafres que le acompañan en la primera fila (Jordi Roura y Aureli Altimira, solo falta un cuarto glotón, Pep Guardiola), que el Barça dejará de ganar. De lucir. De ser el Barça. De mantener el buen rollo y ese espíritu de superación.
Colaboradores 8 De izquierda a derecha, Jordi Roura (segundo entrenador), Aureli Altimira y Orobitg. JORDI COTRINA
Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 16 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
SEGUIR TRABAJANDO A TOPE / Todas las palabras que resonaron ayer en ese inmenso salón sonaron a auténticas. A verdad. Tanto las que impulsaron al club a confiar en Vilanova («es nuestro, es culé, es socio, es capaz, tiene los valores de La Masia, el ideario futbolístico que nos distingue y, desde niño, soñó con esta oportunidad», dijo Sandro Rosell, el presidente) como las que añadió Andoni Zubizarreta («los últimos éxitos también son suyos, se ha atrevido y posee el alma que nos mueve») y, por supuesto, las que sumó Vilanova: «Me siento tan preparado o más que cualquiera de los que hubiese venido a entrenar a este gran equipo y trabajaré, eso sí, no más que cuando era ayudante, por lograr el 15º título y, si no lo logro, me iré a casa orgulloso con los 14 que ya hemos ganado».
PEP, EL HERMANO / Si no fuera por el hecho de que habíamos sido convocados porque alguien, muy grande, muy representativo, muy mediático y muy querido, había renunciado al puesto, se diría que la cita fue redonda, pletórica. Rosell, a quien le sigue faltando humanidad para conectar con la audiencia, dejó espacio a los triunfadores y, mientras Zubi llenaba la sala de carcajadas al insinuar que las negociaciones por Jordi Alba (¿se refería al lateral del Valencia, no?) le habían supuesto ya «varias multas», Vilanova aseguró estar allí porque Pep se lo había pedido («de lo contrario, no estaría») y porque se lleva bien con el presidente («de lo contrario, tampoco estaría»). Pero, eso sí, si algo quedó claro ayer es que Tito no quiere ni ser, ni parecerse, ni copiar, ni imitar, ni clonar a su amigo Pep. «Es más que un hermano, pues hemos formado un matrimonio en el que jamás hubo una mala cara, una mala palabra, ni un mal gesto, lo que resulta poco menos que increíble, irrepetible».
La sorpresa de tan caluroso acto fue que, con lo bien que razona, habla y discursea, Vilanova quiso leer su introducción. Y eso, la verdad, lo convirtió en humano, cuando, si algo descubrimos ayer todos los presentes es que, si se lo propone (cosa que, de entrada, rechaza), podría ser el próximo catalán del año.