Emilio Pérez de Rozas
Periodista
Esto va por vosotros, Anna y Xavi, recién casados (¡valor el vuestro!, aunque si os habéis ido de viaje de novios a Miami, mal no debéis de estar), pues os leí el otro día en Mundo Deportivo y pensé que con vuestras cabezas debió de ser imposible entender lo que os pasó en ese vuelo Miami-Lisboa en el que tuvisteis la desgracia de tropezaros con José Mourinho.
Información publicada en la página 57 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 11 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Vosotros, que como cualquier culé soltasteis un «Força Barça!» al cruzaros con Mou (como hacemos graciosamente al ver al merengue que tenemos en la familia, en el trabajo o en la escalera), recibisteis a conciencia (pues tras siete horas de avión os esperó a la salida del finger una lluvia de insultos hasta llegar ¿verdad Anna? al «te mataría aquí mismo si no fueses mujer».
En un pispás sentisteis en vuestros rostros, mentes y corazones lo que Tito Vilanova notó en el ojo: el desprecio, con alevosía, de alguien que se considera un ser superior. Porque, aún mereciendo el perdón de todos y hasta el indulto, no hay duda de que lo más grave que ocurrió la pasada temporada en el fútbol español es que ni Mou ni su entorno (ya no hablemos del sobradito de Paramés), ni, por supuesto, el Madrid de Florentino Pérez se arrepintieron, se disculparon o sancionaron el comportamiento agresivo, maleducado e impropio de alguien que representa a tan glorioso, triunfal, elogiado y admirado club.
Cuenta Anna que ella siempre creyó que la altivez de Mourinho era un invento de la prensa. Ahora ya sabe que no. Porque de lo que le ocurrió al nuevo matrimonio culé tiene la culpa, cierto, única y exclusivamente, José Mourinho, pero algo de razón tendremos los que llevamos tiempo considerando que quienes protegen, quienes amparan, quienes miran hacia otro lado cuando ocurren estas cosas e, incluso, quienes indultan en nombre, dicen, del fútbol español, algo tendrán que ver en que este señor se creyera, nada más llegar a España (poco me importa que también se creyese el dueño del mundo cuando vivía y entrenaba en Portugal, Italia e Inglaterra), con derecho a insultar a todo el mundo.
No hace mucho, la noche antes de la final de la Eurocopa, oí decir (creo que en ABC Punto Radio) a Ángel María Villar, que lleva la friolera de 24 años como presidente de la Federación Española de Fútbol, que el fútbol español da alegrías y «educa y forma a millones de niños a lo largo de los 25.000 partidos que se juegan cada fin de semana en España».
Con perdones como el de ayer, con ejemplos como el de Villar, no creo que ese fútbol tricampeón eduque mucho. Ni poco. Nada.