No es el Cristiano Ronaldo exultante que arrasaba a los defensas con su velocidad y potencia física. Se sabía, porque así lo dijo él mismo, desde hace dos semanas que está "triste" y que el club conoce los motivos. La afición, en cambio, anda perpleja con la estrella y este martes, en el debut de la Champions, se conocerá qué piensa el Bernabéu. Es la primera vez que el portugués juega ante su público tras haber creado una crisis gigante hace dos semanas.
Se sabía que no celebraba los goles, los dos únicos que firmó ante el Granada en la tercera jornada, pero lo que no se sabía es que ha trasladado esa tristeza al terreno de juego y ha contagiado al equipo. Hace un año, por estas alturas, llevaba cuatro goles; ahora, en cambio, solo dos. Y no los festeja.
Pero la imagen de la tristeza futbolística de Cristiano se vivió el sábado en Sevilla. No tuvo protagonismo apenas en el partido, no desbordó como acostumbraba y esa exuberancia física que deslumbraba al rival no se percibió en ninguna acción. No chuta con tanta frecuencia. Y cuando dispara no tiene la puntería. Incluso se le ve melancólico en sus acciones, irritado en ocasiones con el árbitro, desconcertado por todo lo que ha sucedido en estas dos últimas semanas, desconectado del resto de los compañeros.
Fue Cristiano quien desveló que estaba triste. Y es el propio Cristiano quien no ha revelado si mantiene aún ese estado apático y deprimido o ha encontrado ya razones, sean deportivas, económicas o contractuales, para estar alegre. Mourinho dijo que su tarea principal era la de ser entrenador, desligándose de su función de manager general que él había asumido. "Si Cristiano está triste y juega como juega, por mí perfecto", llegó a decir el técnico blanco el pasado viernes, horas antes de que el Madrid jugara en Sevilla.
El problema es que Cristiano ya no juega como jugaba. Y ese es el verdadero problema para Cristiano, para Mourinho y, por supuesto, para el madridismo.