No tienen ganas de hablar de árbitros, no tienen ganas de hablar del Comité de Competición, no tienen ganas de hablar de los factores ajenos a lo que es estrictamente fútbol que influyen en los resultados de los partidos. Únicamente dicen cosas sobre si el Barça habla o no de los arbitrajes. No tienen bastante con ir primeros en la Liga. Sufren porque se sienten inferiores pese a la tabla de clasificación: los enfrentamientos directos lo atestiguan. Pero es que además su inferioridad va más lejos y sufren porque saben que todo el mundo lo sabe. Están consternados porque son la imagen internacional de la antideportividad gracias a las violencias tipo Pepe y a las provocaciones tipo dedo en el ojo.
Información publicada en la página 49 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 04 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No les importa la realidad, el hecho de que desde Barcelona únicamente se ha mencionado el problema de la poca justicia que se aplica desde la tarea arbitral y desde el Comité de Competición. Porque el Barça ni siquiera ha formulado el detallado memorial de agravios que podría esgrimir, y encima Guardiola reconoce tranquilamente que el colegiado se equivocó a favor en el manotazo de Pinto fuera del área.
Asuntos propios
Pero ellos necesitan que esto sea munición de desprestigio, y dejan para otra ocasión analizar si es objetivamente soportable que la agresión de Pepe a Messi no comportase una expulsión fulminante o una actuación posterior de oficio del Comité de Competición. Con ese precedente, ¿qué ocurrirá si en el futuro Messi pisa la mano de Pepe? Bueno, todos sabemos lo que sucedería.
Pero nosotros hemos de cambiar de tercio y tenemos asuntos propios para reflexionar. Porque es cierto que el juego del Barça ha bajado, independientemente de los resultados, y ha dejado de ser perfecto. Porque nos toca pensar en si es posible mantener indefinidamente y sin baches el primerísimo nivel físico, estratégico y psicológico que ha tenido hasta ahora el equipo. Y hemos de ver si la afición es inteligente y sabe aceptarlo sin nerviosismo o fatalismo. Esas son las dos grandes cuestiones de este momento. Aun siendo buenísimos, no se puede aspirar a ganar siempre. Y más allá de los empates desagradables, se tiene que reconocer que aunque no haya perfección el equipo en el plano del esfuerzo hace todo lo que puede, que lo que hace es mucho, y que ha jugado lo suficiente como para merecer bastantes de los puntos perdidos.
¿Somos capaces de entender que hay que dejar en las manos de Guardiola, que ha demostrado ser experto, cosas como la dosificación y la ubicación de Messi para que recupere las centésimas de punta de velocidad y serenidad que ha perdido, el estímulo a Cesc para que vuelva a ser efectivo, o como se sustituyen a efectos prácticos las funciones que realizaba Iniesta? Y las variaciones tácticas del juego, el uso del arma del centrocampismo reforzado o la clarificación sobre si hay que jugar con tres o cuatro defensas cuando la puesta a punto de los jugadores es la que es.
Dejemos para Madrid los juegos artificiales sobre los arbitrajes, y pensemos en estas otras cuestiones. Son apasionantes desde el punto de vista futbolístico, además de decisivas.
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