El TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) no tuvo ayer misericordia alguna con Alberto Contador y lo condenó sin pruebas. Ninguna. Aplicó el reglamento a rajatabla y sentenció de forma inesperada al ciclista pinteño con el máximo castigo y la multa más cuantiosa: dos años de suspensión y 2.485.000 euros de sanción que irán a parar a las arcas de la Unión Ciclista Internacional (UCI), aparentemente para mejorar el sistema antidopaje.
Información publicada en la página 44 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 07 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Contador se vio privado de repente de todos los títulos conseguidos desde el 21 de julio del 2010, día en el que apareció clembuterol en su orina, entre los que se incluyen las victoriasconseguidas en el Tour del 2010, el Giro del 2011 y la pasada Volta a Catalunya. El ciclista recurrirá la sentencia inicialmente ante el Tribunal Federal de Suiza y posteriormente ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos. Hoy ofrecerá una conferencia de prensa en Pinto, su localidad natal, en compañía del mánager de su equipo, el Saxo Bank de Dinamarca, Bjarne Riis. Ayer permaneció toda la jornada practicamente encerrado en su casa, donde recibió la noticia alrededor de las 11.30 de la mañana, media hora antes de hacerse pública, acompañado por su esposa Macarena Pescador, su hermano y mánager Fran y sus abogados españoles.
El TAS castigó a Contador con carácter retroactivo, razón por la cual le retiró los títulos conseguidos en el 2011, a pesar de no haber ninguna duda en el aspecto antidopaje. Le permite volver a la competición el 6 de agosto, con lo que se perderá el Tour -si la legislación suiza no aplica una medida cautelar- y los Juegos Olímpicos de Londres, aunque sí que podrá participar en la Vuelta a España y el Mundial de ciclismo.
EL PANORAMA / Este es el panorama al pie de la letra que le espera a Contador. Lo curioso del caso se halla en las conclusiones de la sentencia, que estipuló como «improbable» que los 50 picogramos de clembuterol (0.00000000005 gramos por mililitro de orina) -un anabolizante prohibido y que bajo ninguna circunstancia produce el cuerpo humano- hallados en su orina en el control sorpresa de la jornada de descanso del Tour 2010, se debieran tanto a la ingesta de carne contaminada, tal como defendía el corredor, o como consecuencia de una autotranfusión sanguínea en la que figuraban restos de la sustancia prohibida, tal como argumentaban la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y la UCI. Contador no pudo demostrar que el famoso solomillo comprado en Irún contenía clembuterol, puesto que se comió la prueba, pero la UCI y la AMA, los dos organismos oficiales que se opusieron a la absolución española del 14 de febrero del 2011 y recurrieron ante el TAS, tampoco consiguieron evidenciar la teoría del dopaje sanguíneo.
Por sorpresa, en la sentencia hecha pública ayer apareció como tesis del dopaje la «mayor probabilidad de haber sido causado por la ingestión de un suplemento alimenticio contaminado». Y pese a considerar que Contador «actuó sin culpa o negligencia», se le ha impuesto los dos años de castigo.
LA POLÍTICA ANTIDOPAJE MUNDIAL/ En el fondo estaba en juego la política antidopaje mundial. Si se absolvía a Contador, como se intuía a mediados de enero, se podía comenzar a admitir que un deportista no era culpable de las sustancias localizadas en su cuerpo. Estaba en juego la credibilidad de la AMA, patrocinada por el Comité Olímpico Internacional (COI), al igual que el TAS, y millones de euros de inversión, aportados por muchos gobiernos, entre ellos el español, a la propia agencia. Por eso hubo tantos retrasos en la publicación de la sentencia, e ingerencias de la AMA, que cuestionó al presidente del tribunal cuando la balanza parecía inclinarse en favor del corredor. Si hubo dudas, si se estudió aplicar un castigo menor, posiblemente un año, se desestimó aunque para ello se enviara a la hoguera al corredor, pese a dejar claro en la sentencia que no hubo un dopaje voluntario. Y la UCI es desde ayer mucho más rica.
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