La primera conclusión a la que llegas tras comprobar, en vivo y en directo, lo bien que se lo pasa Karlos Arguiñano en el paddock del Mundial de motociclismo, donde tiene un estupendo equipo de Moto2, de rojo Ferrari, patrocinado por él mismo aunque con pegatinas de Teka y La Casera (ya saben, si no hubiese Casera, igual se iba), con Ricky Cardús como piloto -sí, sí, el sobrino del legendario y popular Tiriti Cardús-, es que el popular, dicharachero y televisivo cocinero vasco de Beasain está en esto porque le gusta, porque le apasiona y porque quiere formar parte del escenario, del deporte, del espectáculo. Tal y como le ocurre en el mundo de los fogones, donde hace ya mucho tiempo que pasa de estrellass Michelin, aunque las respeta.
La familia 8 Karlos Arguiñano y su hija Amaia, ingeniera del equipo, junto a su piloto Ricky Cardús. JAIME OLIVARES
Información publicada en la página 58 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«He visto que se ha vuelto a liar con la lista de la revista Restaurant y la verdad es que en mi restaurante se come ahora mejor, mucho mejor, que cuando tenía la estrella Michelin», comenta, riéndose a carcajada suelta, en la calle principal del parque cerrado del circuito de Estoril, mientras conversa con su socio de toda la vida Iñaki Burutxaga y su amigo Ginés Guirado, extécnico de Ángel Nieto y el hombre que inyectó gasolina en sus venas. «A mí, aquí en las motos, me gustaría llegar a tener una, dos o tres estrellas; es decir, contar con un equipo en MotoGP, pero al igual que me ocurre con la cocina, me siento inmensamente feliz con ser reconocido como uno más y que nuestro equipo luzca honesto, profesional y compita lo mejor que sepa y pueda, por cierto, con una AJR, la única moto española de la parrilla», añade Arguiñano.
La ingeniera Arguiñano
Arguiñano, que cree que en el asunto de los fogones «no hay mejor estrella que la que te dan los clientes con su visita, con su presencia, comentando lo bien que han comido y lo han pasado en tu casa», reconoce que «el 80% de los clientes de los restaurantes Michelin son extranjeros». Para el cocinero de Beasain es bueno estar en todas las listas, pero no hay que perder ni el sentido común ni cambiar tu línea profesional por agradar a los que confeccionan esas listas. El hombre que ideó la cocina rica rica rica y con fundamento, que ha superado los 5.000 programas de TV, publicado más de 50 libros, producido cinco películas y que posee el mejor grupo de pelotaris profesionales de España, se siente muy orgulloso de su equipo de carreras. «La gente cree que estoy aquí para pasar el rato, y le diré una cosa: yo, decir, digo montones de tonterías, pero hacer, hago muy pocas, poquísimas, por no decir ninguna. Esto de los motos va en serio, muy en serio».
Tan en serio que, pese al mucho dinero que ha invertido, no piensa perder un euro. «No están los tiempos para tirar nada, así que vamos a cuadrar los números, con esfuerzo pero lo haremos». Junto a Arguiñano está su hija Amaia, ingeniera de telemetría. El señor de los fogones la mira pícaramente y, mientras se le cae la baba, dice: «Este era un mundo de hombres hasta que llegó una Arguiñana». Guirado, que sabe por pillo, por viejo, por zorro, por mecánico, por técnico y porque lleva en esto 32 años, agradece «infinitamente» la fe ciega que Arguiñano ha tenido en él. «No sé si ganaremos, ¡ojalá!, pero es imposible pasárselo mejor de lo que nos lo pasamos». Les encantaría que Cardús ganase un estrella para su mono de cuero. Pero no la cambiarían por esa lluvia de carcajadas, chistes, abrazos y sonrisas que inundan su carpa. Están cocinando algo grande. Rico, rico, rico.