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La caída de un ídolo | Los precedentes

El ciclismo es así

En 1904 ya fue descalificado el ganador del Tour, Merckx también dio positivo y sigue siendo el más grande

Bahamontes presumió de su jarabe y hasta Induráin tuvo un lío con el ventolín

Martes, 23 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
SERGI LÓPEZ-EGEA
BARCELONA

El ciclismo es así, guste o no guste. Y no es nada nuevo. Este deporte, aliado a la épica y a los mitos, en el que el esfuerzo entra enseguida en leyenda, siempre ha sobrevivido con una historia negra a sus espaldas, desde los tiempos pretéritos, porque ya en 1904, en la segunda edición de la ronda francesa, los cuatro primeros clasificados fueron excluidos por diversos chanchullos entre los que figuraban avituallamientos irregulares, cuando la palabra dopaje todavía no existía en el diccionario. Y porque tal como escribió el gran cronista francés Albert Londres, cuando siguió el Tour de 1924, la cocaína alimentaba a las grandes figuras de la época como los hermanos Pélissier. «Esto es cocaína para los ojos. Esto es cloroformo para las encías. Andamos con dinamita», desgarrador testimonio de Francis Pélissier, hermano menor de Henry, vencedor de la grande boucle de 1923.

Agonía 8 Tom Simpson yace moribundo en el Ventoux (1967). ARCHIVO

Control 8 Lance Armstrong espera turno para un análisis antidopaje en la ronda francesa del 2001. REUTERS / ERIC GAILLARD

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Pero eran otros tiempos, porque el dopaje, el uso de ayudas externas, ni estaba mal visto ni representaba un problema social como ahora, porque Eddy Merckx, el Caníbal, el mejor de la clase, el corredor que ganaba de febrero a octubre, con cinco Tours y cinco Giros, también dio positivo. Y entonces no pasaba nada. Hasta fue recibido como un héroe en Bruselas cuando fue expulsado del Giro por un dopaje que él atribuyó a un sabotaje. Y la ciudadanía belga, con el rey al frente, lo creyó.

Y porque Federico Martín Bahamontes, el Águila de Toledo, el primer español que ganó el Tour, héroe nacional en un país en dictadura, presumía del jarabe que le preparaba un boticario de Toledo. Pero, también es cierto, que por mucha dinamita que le pusieran en el brebaje, aquello ni era EPO, ni transfusiones sanguíneas, ni hormona del crecimiento, la sofisticación en la que entró este deporte desde finales del siglo XX hasta la mitad de la primera década del siglo XXI y en el que hay que creer, porque se debe seguir creyendo, porque cada vez hay más gente en las etapas del Tour, porque este año la Vuelta a España ha sido un gran éxito de público y de espectáculo, porque después de la caída de Eufemiano Fuentes, gracias a la Guardia Civil, en la interminable operación Puerto (mayo del 2006), la vida del ciclista profesional comenzó a cambiar... y para bien.

Los corredores se dieron cuenta de que la sociedad los rechazaría, como le ha pasado ahora a Lance Armstrong. Ahora, si un corredor se muere en plena competición, tal cual le sucedió a Tom Simpson (Mont Ventoux, Tour de 1967, por una sobredosis de anfetaminas), no sería enterrado como un héroe en su villa natal inglesa, ni tendría, como le pasó a él, un monolito en el lugar justo donde perdió la vida.

El alambre de la sospecha

El ciclismo es así y no hay campeón que se libre de haber estado alguna vez en el alambre de la sospecha. Si hasta Miguel Induráin tuvo un lío por usar ventolín, un inhalador que usan millones de personas asmáticas, y tuvo que demostrar que no se había dopado. Y siempre hay alguna turbulencia en las vidas de ciclistas como Bernard Hinault, Jacques Anquetil, o Raymond Poulidor, que lideró en 1968 la protesta general, con un montón de positivos que fueron retirados, cuando se decidió instituir controles antidopaje en la ronda francesa. Solo fue una amenaza.

Los soldados estadounidenses que desembarcaron en Normandía, y que morían acribillados por las balas alemanas, solo podían sobreponerse a la cobardía gracias a unas nuevas pastillas, llamadas anfetaminas. Y hay libros de historia ciclista que afirman que el campeonísimo Fausto Coppi fue de los primeros que no desestimó tan mágica tableta para triunfar. El ciclismo es así, qué le vamos a hacer.

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