Cada partido del Barça es un proceso de inmersión en un lenguaje nuevo para Cesc. Se formó en La Masia, eso es cierto, pero ocho años en el ecosistema táctico de Arsène Wenger en el Arsenal le han convertido en un novato ante el complejo «software» desarrollado por Pep Guardiola. Cesc ha sido el primero en admitirlo. Aún aprende. Cada día que pasa, el centrocampista aprende un poco más, a pesar de que su impacto en el equipo fue tan rápido y tan brutal (16 goles en los primeros 23 partidos, 0,70 por encuentro) que pareció liquidar todos los procesos. Pero todo, según admitió el propio Cesc, requiere su tiempo. En eso está ahora.
Información publicada en la página 42 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 06 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Además, la ausencia de Iniesta por lesión y de Xavi por descanso preventivo le han obligado a tomar un rol al que no estaba nada acostumbrado. «Cesc se ha movido bien posicionalmente, no era fácil este partido para la gente del centro del campo. Pero tanto Cesc como Thiago lo han hecho bien», subrayó Guardiola el sábado tras el triunfo sobre la Real Sociedad, consciente de que el panorama para el centrocampista ha cambiado notablemente.
DEL NERVIO A LA PACIENCIA / En el Arsenal era el Dios del equipo. Se movía por donde quería. Y como quería. «Allí tenía un juego más directo, más nervioso», confesó hace unos días. En el Barça, en cambio, necesita encajar sus movimientos en el dibujo de Guardiola, que pide muchas cosas, especialmente cuando actúa de interior, ya sea diestro (en Mestalla, el miércoles) o zurdo (el sábado, ante la Real Sociedad). Mientras era un espíritu libre, no hubo problema. Cuando le tocó ser una pieza más del software nacieron las primeras dificultades.
A Cesc, un loco del juego, un verdadero apasionado del fútbol (ayer veía y contaba en el Twitter el empate entre el Chelsea y el Manchester United), no le ha sorprendido que el camino se haya empinado. Es el primero en reconocer esos problemas. «Parece que cuando no marco un gol juego mal», dijo recientemente. «No soy un goleador, ¡eh!», aclaró luego. No lo es, pero sus cifras son buenísimas (16 goles en 29 partidos), consecuencia de su conexión inmediata con Messi cuando Guardiola modificó la idea inicial del Barça y apostó por costumbre por el 3-4-3. Quería hacerle, y le hizo, un hueco para que la «anarquía», bien entendida de Cesc, brillara más que nunca. No estaba en ningún sitio y aparecía en todos, con un elevadísimo acierto en el remate.
LENTA INTEGRACIÓN / Cuando el técnico, obligado por las ausencias de Iniesta, al principio, y de Xavi, más tarde, le ubicó en la posición de volante, Cesc sintió que le faltaba «la paciencia» necesaria para encontrar su sitio. Ya no podía correr por donde quería. Ni abandonar alegremente ciertas obligaciones que reclama el equipo para que el balón fluya. En Mestalla se vio al mejor Cesc de interior, en la primera hora ante la Real, también. Pero no ha completado todavía ese difícil proceso. Ocho años fuera son una eternidad, incluso para un tipo inteligente como Cesc que entiende el juego a la primera.
En ese tiempo, el Barça primero de Rijkaard modificó una idea y el de Guardiola la sublimó. En esos años, Cesc entendía el fútbol de otra manera. Sí, tiene la esencia del Barça. Pero el tiempo cambió. Y Cesc, que acabó el 2011 como un vendaval (cinco goles en cuatro partidos, incluyendo el del Bernabéu en la Liga y el de la final del Mundial de clubs), vive ahora una situación insólita.
No solo porque lleva seis encuentros sin marcar, sino porque apenas remata. No pisa el área, no llega como antes, pero Guardiola tampoco le pide eso. El técnico azulgrana solo quiere que entienda el software. Lo demás, ya llegará.
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