El corazón del Barça latió de nuevo con fuerza (¿alguna vez ha dejado de hacerlo?) anoche en Mestalla. Ese músculo poderoso que bombea la sangre azulgrana, con galones de capitán y de nombre Carles, apareció por la banda derecha, en esa posición de lateral en la que se consagró hace ya más de una década, para exhibir toda su fuerza y también toda su rabia.
Información publicada en la página 44 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 02 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sí, porque Puyol sacó ayer la rabia que lleva dentro, la misma que le convierte en un defensa incombustible a sus 33 años (Guardiola ya ha vaticinado que puede jugar hasta los 38 o 39) y que sigue sosteniendo el alma del mejor Barça de todos los tiempos. Ese lateral eterno se elevó hasta los cielos para sacar al equipo de un buen apuro, un problema que él mismo había contribuido a generar momentos antes. Por eso el capitán cerró el puño con fuerza y lo lanzó al aire al marcar de cabeza el tanto del empate.
Con el gol, que puede valer oro cara a la vuelta en el Camp Nou, se resarcía del fallo que cometió en el tanto de Jonás. De hecho, fue un doble error: primero resbaló cuando intentaba interceptar el pase largo de Jordi Alba hacia Mathieu. A pesar de caer, se levantó como un rayo y llegó al área con tiempo para interceptar el pase mortal a Jonás, pero la fortuna le fue esquiva tras tanto esfuerzo. El balón botó justo delante de su pierna, le pasó por encima y el delantero valencianista pudo fusilar a Pinto. Por eso sacó luego la rabia, la misma que mostró hace bien poco en el Bernabéu, donde también marcó un gol muy parecido. En esa ocasión el córner lo sacó Xavi, templado al segundo palo, donde el capitán irrumpió con una plancha espectacular a lo Evaristo. Anoche lo tiró Thiago, también templado, y con la ayuda de Diego Alves, que dudó en la salida (luego compensó el error al parar el penalti), Puyol se elevó para picar el balón y perforar la meta valencianista.
Doble pirueta espectacular
La fuerza del capitán siguió cabalgando por Mestalla en la segunda parte. Se apoderó de su banda, esta vez sin fallo alguno, para desesperación de Mathieu, y hasta subió con poderío desbocado al ataque en una acción en la que se plantó al borde del área de Alves tras hacer una doble ruleta que desató el ¡ohhhh! de admiración, y sorpresa de Mestalla.
Fue la única vez que la afición valencianista valoró algo del rival porque, por lo demás, anduvo muy caliente. Bueno, como siempre, pero esta vez mucho más. Y con algo de razón. Pinto interceptó con la mano fuera del área un contragolpe de Soldado. Lo vio todo el estadio menos el linier: más carnaza en plena polémica por los errores arbitrales.
En lo que no dudó el árbitro González González fue en señalar penalti sobre Thiago. Estaba encima y fue meridiano. Como claro fue que Messi no fue Messi. «Hemos hecho un buen partido», proclamó después el capitán. «El vestuario sale reforzado, la imagen del equipo es buena, estamos contentos. Es un buen resultado, pero nada está decidido», afirmó Puyol.
Quiso el Valencia pararlo, pero no pudo. Tanto le agarraron, Albelda especialmente, que pareció que le reclamaran para marcarse un pasodoble en el centro del campo al compás de la marchosa música de la banda de turno. Los mismos acordes que sonaron tras el partido, con el Barça marchando hacia la final.
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