La imagen de Mourinho de rodillas durante la tanda de penaltis no ablandó a los jugadores del Madrid. Algunos dejaron bien claro que el planteamiento no fue el adecuado a partir de que el equipo blanco se puso con una ventaja de 2-0. Luego se encontraron con la confirmación de que el técnico portugués seguirá en el banquillo. Ahora el conjunto blanco intenta terminar de asumir la gran ocasión que ha perdido de estar en la final de la Champions, en gran medida por el estilo de su entrenador, al que los jugadores deberán seguir ligados.
Información publicada en la página 56 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 27 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Iba para héroe y ha vuelto a convertirse en villano. Después de un grupo de clasificación muy cómodo para, posteriormente, encontrarse con rivales tan flojos como el CSKA, en octavos, y el Apoel, en cuartos, Mourinho comenzó a cavar la tumba del Madrid en el primer choque de semifinales. En el Allianz Arena despreció la posibilidad de lograr el triunfo y, una vez más, dejó claro que le valía el empate. El castigo fue el gol de Mario Gómez en el minuto 90. En la vuelta se encontró con un premio que le nubló la vista: 2-0 en 15 minutos y gritó miedo. Las imágenes de televisión no dejan lugar a dudas. En ellas se ve a Mou cambiando el curso del encuentro con sus gestos. Pidió al equipo que reculara y que se entregara el balón a un necesitado y muy peligroso Bayern.
MÁS COARTADAS / Nada de eso pasó desapercibido para algunos jugadores. El más claro en sus comentarios fue Casillas. «Con el 2-0 cometimos el pecado de intentar aguantar el resultado, pero eso es lo que hay», declaró el portero blanco. Iker, curtido ya en muchas batallas, dio la cara en otra noche amarga para el madridismo. Xabi Alonso también arrancó sus comentarios desde la ventaja de su equipo. «Con 2-0 no supimos controlar el encuentro», afirmó el centrocampista vasco.
Mientras, Mou volvía a agarrarse a sus coartadas, la gran mayoría artificiales, como que el equipo «está solo» o la referencia a la alegría de los «pseudomadridistas». Lejos de hacer autocrítica, lo único que dejó claro es su continuidad, algo que satisface plenamente a su gran mentor, Florentino Pérez. El mandatario blanco debió tomar buena nota de los deseos de Mou: «El club tiene un espacio muy grande para crecer y debe adaptarse a la mentalidad de los tiempos».
No se sabe qué pensaría Pérez después del varapalo. Lo que sí ha trascendido es que el club ya había cursado algunas invitaciones para la final de Múnich, tal como confirmaron fuentes de la entidad blanca. No se sabe si se trataba de una simple medida de previsión ante la apretada agenda de algunas personalidades o de la seguridad que existía de que el Bayern no ejercería de anfitrión en la final del 19 de mayo.
Mientras, alguien en el club ironizaba sobre quién debería ser el próximo entrenador del Madrid. «Di Matteo, el del Chelsea, porque se ha cargado al Barcelona». Otros recordaban la frase que Florentino apuntó en la última asamblea de socios. «No descansaré hasta lograr la décima». De momento, Mourinho lleva dos intentos fallidos.