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El Madrid tiene más cerca que nunca el título de la liga de baloncesto. Parece una cuestión inexorable, que no tiene más vuelta de hoja, por la forma en la que pasó ayer por encima del Barça Regal en el tercer partido de la final (85-59).El equipo de Xavi Pascual vivió una pesadilla, una de las peores de las últimas temporadas, y con el rostro descompuesto en la mayoría de sus jugadores fue encajando un golpe tras otro, hasta caer de forma dolorosa. Hacía años que el Barça no vivía una humillación parecida y eso provocó la pérdida de los nervios en algunos jugadores en el tercer cuarto y un conato de tangana entre Mickeal, Suárez, Velickovic y Lorbek, que los árbitros resolvieron con dos técnicas a los dos primeros.
El azulgrana Mickeal intenta escabullirse de Singler, en el tercer partido de la serie final, ayer en Madrid. JOSÉ LUIS ROCA
Información publicada en la página 49 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 12 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
De no producirse una mutación cada vez más improbable en los azulgranas, el madridismo acudirá mañana al cuarto partido en el Palacio de los Deportes con la idea de cerrar la final y, quién sabe, si también una época para los barcelonistas, que abandonaron ayer la pista blanca con la cabeza baja.
FALTOS DE FE / Conforme avanza la final, las diferencias se han ido acentuando. El Madrid se divierte cada vez más, cada partido que pasa se gusta más sobre la cancha. Para el Barça, en cambio, el sufrimiento crece de forma exponencial. Ya no es solo por los problemas físicos de Navarro, que pesan y mucho, y también de Ndong. Es también porque hay demasiados jugadores que no acaban de creérselo y que están lastrando al conjunto azulgrana.
Consecuencia de esa falta de fe, que llevó al Barça a bajar los brazos en algunas fases del partido, por ejemplo, fue el sufrimiento en el rebote defensivo (48 de los madridistas por 23 de los azulgranas), con un Ndong cada vez más limitado físicamente por los problemas en la rodilla. Sufrió en la defensa, mortificado por las acciones de Carroll, por las penetraciones de Llull, por los tiros de cuatro metros de Reyes y, en general, por los desequilibrios que provocaron los madridistas moviendo con inteligencia el balón. Y sufrió el Bar-
ça, y mucho, en ataque, porque a estas alturas de la final parece imposible recuperar ya a jugadores como Eidson, Ingles y Wallace, piezas de reparto azulgrana que debían ser relevantes en los partidos y han acabado convirtiéndose en insustanciales. Más que nunca, el Barça pareció ayer un equipo de tres hombres: Navarro, Lorbek y Mickeal, con apariciones esporádicas de Sada y Huertas, sobre todo de pundonor.
El Barça vivió su particular purgatorio deportivo en el segundo cuarto, saldado con un parcial de 21-9, y que le permitió al Madrid empezar a escribir el guión del triunfo. El Barça solo anotó una canasta en los primeros ocho minutos, bloqueado ofensivamente, sin nadie que pusiera un poco de cordura a malas decisiones. Sin hacer nada del otro mundo, a base de tiros libres y con tres balones puestos dentro de la zona a Reyes
-siempre un seguro en partidos tan espesos-, el Madrid rompió con facilidad el marcador (46-32 al descanso) y se encargó de hacer saña con los azulgranas medio groguis.
Pero lo peor para el Barça fue el purgatorio anímico que siguió a ese hundimiento deportivo, con el público coreando olés y disfrutando de cada acción de los jugadores blancos, mientras los azulgranas solo reflejaban impotencia.