Muchos, en su lugar, se hubieran agarrado a esa embarcación, convertida, literalmente, en una isla salvadora en medio del océano Pacífico. Pero Miquel Suñer (Girona, 13 de febrero de 1977), a pesar de llevar horas y horas en el agua, fría de narices (entre 15 y 17 grados, y sin traje de neopreno), y más de 22.000 brazadas en medio de fuertes corrientes, no podía ni tocarla. Por eso prácticamente ni se la miraba, a pesar de que en ella iban dos de sus mejores amigos, el médico Bernat-Carles Serdà y el biólogo y bombero Lluís Sunyer.
Últimas brazadas 8 Miquel Suñer, en los últimos metros de la travesía del canal de Catalina. EQUIPO DE MIQUEL SUÑER / ENDESA
Información publicada en la página 60 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sucumbir a la tentación de meter mano a esa lancha neumática hubiera dado al traste con el reto de lograr, el pasado martes, la Triple Corona del mar ya que el juez que acompañaba a los dos amigos de Miquel hubiera dado por nulo el intento de cruzar el canal de Catalina (California), de 35 kilómetros. El atleta catalán, finalmente, alcanzó la costa culminando una travesía que junto con la del canal de la Mancha (50 km, llevada a cabo en el 2010) y la vuelta a la isla de Manhattan (55 km, en el 2011), conceden el honor de acceder a ese mítico galardón que encumbra a Suñer entre la élite mundial de los nadadores de larga distancia en aguas abiertas. Tan solo 53 lo han logrado hasta hoy en todo el mundo. En Catalunya, es el único que ostenta ese reconocimiento.
En compañía de una foca
El periplo de Miquel empezó a oscuras. Pasaban 10 minutos de la medianoche cuando se zambulló en el agua en Emerald Bay para cruzar un canal que el día anterior había hecho en ferri. No, no era lo mismo. El catalán estuvo acompañado desde el primer segundo de travesía por sus dos colegas y también por una foca juguetona que se apuntó a seguirle en las primeras brazadas. «Qué pasada... Me acompañó varios minutos», explica el nadador en su web. Que le siguiera una foca era una posibilidad (las hay a miles en esa zona) y divertida. No lo era tanto que lo hiciera el depredador que se las come. O sea, algún tiburón despistado en busca de variar su dieta. Por eso tanto Bernat-Carles como Lluís, que le siguió con un kayak, no se separaron muchos metros de él. No solo tenían que darle el alimento necesario para que no perdiera energía y sufriera una peligrosa hipotermia, sino que también velaban por que no apareciera algún elemento peligroso de la fauna marina.
Costa a la vista
La salida del sol, a las 5.57 horas de la mañana, no calentó las frías aguas del Pacífico pero sí que levantó el ánimo del equipo y especialmente de Miquel, al que le esperaban unos últimos 6 kilómetros de travesía la mar de duros por la irrupción de una corriente de agua fría que helaba el alma.
Con el cabo de Palos Verdes (Los Ángeles) ya a la vista, Miquel supo que tenía la Triple Corona al alcance de sus arrugadas manos. Lo peor para este ingeniero técnico de Endesa que se autocalifica como un «alpinista de la natación» había pasado. Ocho horas, 11 minutos y 30 segundos después de partir de Emerald Bay, Suñer culminaba la travesía, anotándose el cuarto mejor registro de la prueba e inscribiendo su nombre en la élite mundial a mar abierto.