El Madrid acabó con su maldición. Puso fin a 19 años de sequía en la Copa. Pero tan dulce como el sabor de la victoria por 74-91 en un trofeo que se le negaba desde 1993, fue la alegría por el escenario donde se produjo. En el Palau Sant Jordi. En la cancha de su gran enemigo. Frente al Barça. Con Florentino Pérez, sonriendo, finalmente, y saludando victorioso desde el palco después de una batalla frente a los azulgranas, una imagen casi inédita en lo que ha sido su historia en la presidencia.
Información publicada en la página 54 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 20 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El Madrid desplegó todo su talento ofensivo. Anotar 90 puntos en una final son muchos puntos. Y ofreció una consistencia inhabitual en defensa y sobre todo a nivel mental, que era hasta hora su talón de Aquiles. Si alguien tenía dudas sobre si el proyecto de Laso es válido para ganar finales, ayer quedaron despejadas. De las derrotas se aprende y los madridistas llevaban unas cuantas.
El Barça, en cambio, estuvo lejos de su nivel defensivo habitual, lastrado por los problemas físicos. en especial de Juan Carlos Navarro y la lesión de Chuck Eidson, que no pinta nada bien (tiene afectado el ligamento lateral interno de su rodilla derecha cruzado). También por la escasa aportación de algunos jugadores de los que se esperaba mucho más en una cita así, caso de Huertas, Vázquez, Ingles y, posiblemente, por el desgaste físico que aún arrastraba de la durísima semifinal frente al Caja Laboral.
NÚMEROS DE CINE / Nada que discutir al triunfo de los blancos, que completaron el partido perfecto y dejaron a los azulgranas inmersos en las dudas, tocados por un golpe psicológico, de difícil digestión. Todo lo hizo bien el Madrid desde el primer minuto. Llull inició la carga blanca, con 10 puntos en el cuarto inicial que abrieron las primeras ventajas y Jaycee Carroll se convirtió en el verdugo de los azulgranas en el tramo final. Carroll llegó al minuto 26 sin anotar y se fue del partido con 22 puntos. Su serie resultó letal, especialmente el inicio del último cuarto (dos triples y una canasta de dos) que sirvió para disparar la ventaja del Madrid hasta los 17 puntos (56-73) con poco más de siete minutos que jugar. Una losa demasiado pesada de levantar.
Entre Llull y Carroll sumaron, además, 8 de 10 en triples, inspirados como nunca en la media distancia. Y el Madrid, impulsado por dos jugadores en racha, completó el encuentro con unos porcentajes de cine: 62% en tiros de dos y 45% en triples son porcentajes espectaculares. Pero además, el equipo de Laso supo tapar lo que en ellos es una vía de agua habitual, las pérdidas de balón. Ayer sólo siete por 11 de los azulgranas. No hubo ninguna estadística, en realidad, en la que los madridistas no mandaran.
DÍA NEGADO / En el Barça, en cambio, todo fue al revés de lo planeado. Primero, por el mal momento de Navarro, que a pesar de sus problemas dio la cara. Después porque los bases azulgranas Huertas y Sada no se encontraron nunca cómodos frente al estilo agresivo y directo de los bases madridistas, especialmente de Llull al que no supieron controlar y, finalmente, porque ninguno de los aleros, léase Ingles, Mickeal y Eidson, dieron un paso al frente para tomarle el relevo a Ndong y Lorbek, los únicos que tiraron del equipo, junto a Navarro, para mantenerlo en la pelea.
Ni siquiera la suerte estuvo de cara con los azulgranas, porque después de mucho desgaste, el Barça tuvo la oportunidad de meterse de nuevo en la pelea tras situarse a un punto (51-52, m. 27), pero dos acciones consecutivas de Carroll, dos jugadas de tres puntos, cortaron de golpe la reacción azulgrana y volvieron a dar la iniciativa a un Madrid mucho más sólido, más convincente, más dueño de la situación.
Así que la final fue escurriéndose entre los dedos de los jugadores barcelonistas, jugada a jugada, hasta convertirse en un monólogo para los jugadores de Pablo Laso, que sumaron el 23ª título de la historia, deshiceron el empate en el palmarés con el Barça y tomaron el puente aéreo como reyes de la Copa.
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