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La nueva vida de una estrella

El astro eclipsado

Rivaldo fue la estrella del Barça del fin de siglo, pero sus gestas quedaron pronto olvidadas por el impacto que causó Ronaldinho y las cotidianas heroicidades de Messi

Sábado, 13 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOAN DOMÈNECH
BARCELONA

La sonrisa de Ronaldinho y las cotidianas gestas de Leo Messi han sometido a un prematuro (e injusto) entierro el recuerdo del astro del fútbol que despidió el siglo pasado y, con él, al antiguo Barça. Un jugador que surgió del mismo barrio, dotado con una carga similar de talento para el fútbol. Rivaldo es una referencia perdida, olvidada, para la última generación de culés que empezaban a abrir la boca cuando brillaban los dientes de Ronaldinho y que no la han cerrado viendo las diarias heroicidades de Messi.

Rivaldo besa el Balón de Oro que ofreció a la afición en el Camp Nou, en enero del 2000. JORDI COTRINA / FRANCESC CASALS

El jugador conecta la chilena en su tercer gol ante el Valencia, en junio del 2001. JORDI COTRINA / FRANCESC CASALS

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Información publicada en la página 507 de la sección de En Portada de la edición impresa del día 13 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Pero Vitor Borba Ferreira Gómez (Paulista, Brasil, 19 de abril de 1972) fue uno de los grandes. Como Ronaldinho y como Messi. Ganó también un Balón de Oro (1999) y el FIFA World Player (1999). Fue campeón del mundo (2002) y de América (1999) con la selección brasileña, de la Champions League con el Milan (2003) y de nueve Ligas en cuatro países distintos, desde Brasil (Palmeiras, 1994 y 1995) hasta Uzbekistán (2009), antes de desviar el camino que le guiaba a la portería hacia el altar.

Rivaldo marcó una época, como la han marcado Ronaldinho y Messi a su manera y en la dimensión que han sabido. No se explicarían las dos Ligas de Louis van Gaal (1998 y 1999), ni la Copa (1998), ni la Supercopa de Europa (1999) sin los 130 goles en 235 partidos que anotó el diez de aquella época, aunque comenzara llevando el 11.

Tripletes contra desastres

Llegó precisamente para ser el referente y a toda prisa, con el cierre del mercado de fichajes de 1997. Cuatro meses antes, el Barça había perdido a Ronaldo. El club compró por 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros) a Sonny Anderson, otro brasileño, pero pronto se vio que no marcaría los goles suficientes, y Josep Lluís Núñez tuvo que firmar otro talón de 4.000 millones de pesetas (24 millones de euros) para llevarse a Rivaldo de A Coruña. Su desgracia fue que no obtuvo rédito de las mayores gestas que protagonizó, suficientes para ser eternamente recordado pero que solo sirvieron para evitar desastres.

Antes de que Messi humillara a todos los goleadores del planeta la temporada pasada (siete tripletes, dos póqueres y un repóquer), Rivaldo anotó en una temporada un triplete en San Siro ante el Milan (3-3), otro en el Bernabéu (2-2, porque el último gol del Barça fue injustamente anulado por Losantos Omar) y el tercero en el Camp Nou.

Pelea con Van Gaal

Este último sirvió para derrotar al Valencia (3-2) y evitar el sonrojo que se habría producido si, por primera vez, el Barça no se hubiera clasificado para una competición europea. Hubo quien elogió la asistencia de Frank de Boer por el balón bombeado que Rivaldo controló y elevó con el pecho y la chilena que conectó de espaldas a la portería de Cañizares desde el borde del área.

Por entonces (2000-2001), Rivaldo ya estaba marcado por el enfrentamiento que tuvo con Van Gaal justo el año anterior, cuando se negó a seguir jugando de extremo tras lograr el Balón de Oro. Continuó en la banda, muy a su pesar, mientras el Barça iniciaba el declive hacia la oscuridad. En el inicio de su última temporada, se negó a iniciar los entrenamientos reclamando un aumento de sueldo pactado que Joan Gaspart no había satisfecho. Cuando acabó la Liga, se marchó al saber que Van Gaal volvía al banquillo.

Rivaldo fichó por el Milan, en una salida que mantenía su estatus de estrella, sobre todo tras conquistar el Mundial del 2002 con Ronaldo y Ronaldinho. Dos años grises en Italia lo condujeron al sur, a Grecia. De ahí a Uzbekistán y, tras una breve escala en Brasil, de nuevo hacia abajo, a Angola, donde encontró otro camino. De la portería se dirigió a la iglesia.

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