Tras más de una década de lucha Lance Armstrong ha tirado la toalla y se dispone a entrar en el infernal olimpo de la infamia deportiva. El ciclista tejano anunció el jueves por la noche que no seguirá defendiéndose de las acusaciones de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, lo que significará que será despojado de sus siete títulos del Tour de Francia, así como de todo el dinero y premios ganados desde 1998, incluyendo la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos del 2000.
Armstrong tira la toalla ATLAS | REUTERS
En un comunicado, Armstrong, que en septiembre cumplirá 41 años, mantiene aún su inocencia y califica de "caza de brujas inconstitucional", "injusta y parcial" la persecución de la agencia antidopaje. No obstante, renuncia a seguir combatiendo tras una década haciéndolo, alegando al peaje que está pagando en su vida personal y en su fundación contra el cáncer. "Llega un momento en la vida de todo hombre en que debe decir basta. Para mí el momento es ahora", escribe.
Según el código internacional contra el dopaje, Armstrong no podrá competir nunca más en su vida ni entrenar ni tener relación alguna con deportes regulados por ese código.
La Agencia Antidopaje estadounidense no solo ha acusado al ciclista estadounidense, que superó un cáncer, de usar sustancias prohibidas, sino también de ser uno de los capos de toda un red de dopaje en sus equipos. El principal directivo de esa agencia, Travis Tygart, habló del de este jueves como "un día triste para todos los que amamos el deporte y nuestros héroes deportivos", pero también aseguró que se trata de "otro descorazonador ejemplo de cómo la cultura de ganar a cualquier precio, si no se controla, se impondrá a la competición justa, segura y honesta".