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Se están acabando las palabras para definirlo. "La Real Academia Española debería buscar un adjetivo a Messi", sugirió su entrenador. Leo fue otra vez genio y figura indiscutible de una Argentina que, en la noche del viernes, derrotó a Uruguay por 3-0 y afianzó su liderazgo en las eliminatorias de Brasil 2014. El mejor del mundo hizo dos goles para el asombro y fue un actor fundamental del otro que marcó Sergio Agüero.
Leo Messi, capitán de la selección Argentina, celebra uno de sus dos goles marcados ante Uruguay. EDUARDO DI BAIA | AP
"Fuimos superiores en todo momento y merecimos los tres puntos. Ellos no quisieron otra cosa que defender, pero por suerte ganamos con mucha diferencia", dijo el astro del Barça cuando terminó el partido en la provincia de Mendoza mientras miles de gargantas no se cansaban de corear su nombre.
"La gente está feliz con esta selección", dijo. Esa alegría se reflejó en las tribunas. "Gracias por ser argentino", rezaba una bandera. "Gracias por tanto, perdón por tan poco", decía otra. Messi ha establecido definitivamente una relación intensa con el país que lo vio nacer. No faltan quienes le seguirán reclamando lo imposible: "Cásate conmigo", le pedía una hincha que no se cansó de sostener el cartel.
"El grupo está fuerte", consideró el capitán del seleccionado argentino y máximo goleador de las eliminatorias con seis goles, junto con Gonzalo Higuain. El equipo que dirige Sabella fue el absoluto dominador del partido y mereció abrir el marcador en la primera parte, cuando Leo, después de dejar a varios uruguayos en el camino, quiso colocar el balón por encima del portero Muslera. La pelota estuvo muy cerca de entrar. Iban 27 minutos de partido y ya se presentía un Messi en su mejor nivel.
Uruguay siempre es un rival duro para Argentina. En la Copa América de 2010 no pudo derrotar a la "celeste", que se hizo con el certamen. Por eso, este clásico del Río de la Plata tenía un especial sabor a revancha. Los uruguayos trataron de interrumpir la circulación de la pelota y no desperdiciaron ocasión para entrarle fuerte a 'la Pulga'. Discutieron, cortaron el partido, hicieron tiempo.
Pero, en la segunda parte, Leo terminó de redondear una nueva tarea espectacular. A los 20 minutos, habilitó a Di María. El madridista buscó a Messi, quien llegó hasta el centro del área y, con la punta de su botín, se anticipó al portero. Leo todavía no había dado lo mejor de si. Nueve minutos más tarde, dejó solo a Di María, quien buscó a Agüero. El delantero del Manchester City solo tuvo que empujarla para poner las cosas dos a cero.
"Que de la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar", gritó el estadio y, seguramente, los millones de argentinos que estaban viendo el partido por televisión en sus casas. Y todavía faltaba lo mejor. Minuto 34. Tiro libre. 'La Pulga' se paró frente al balón, cerca del costado derecho del área. Los uruguayos armaron una larga barrera. Muslera ubicó a los defensas más altos para que dificultaran la perspectiva al capitán argentino. Messi tomó carrera. Los uruguayos saltaron todos al mismo tiempo, como en una coreografía, para tratar de detener el impacto. Sin embargo, Messi, que intuyó el movimiento, realizó un disparo al ras del césped. Los esfuerzos del portero fueron inútiles. Fue el 3-0 y la fiesta total.
"Cuando Messi se iluminó, Argentina tuvo brillo y fue letal", dijo el diario 'La Nación'. "Es distinto, no se discute. Un simple destello de juego puede enamorar hasta los más acérrimos y despiadados críticos. Lionel Messi es el mejor en todos y cada unos de los sentidos. Porque cuando el balón toca su pie izquierdo el mundo simula paralizarse. Ese instante mágico corta por unos segundos, o quizás por una milésima de segundos, la respiración. En ese momento, el cuerpo se predispone a disfrutar de algo diferente", agregó. "Messi es Gardel", señaló, en tanto, el diario 'Perfil'.
"Siento una alegría terrible y es un orgullo que la gente esté así", dijo al final del partido. "Ahora hay que disfrutar este momento y a preparar lo que se va a hacer contra Chile (la semana entrante), que será muy difícil. Lo bueno, es que seguimos mejorando", se despidió. En la tribuna siguió flameando una bandera. "Mi padre me contaba de Maradona, yo a mi hijo le contaré de Messi".