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La situación de los dos grandes / Un símbolo añorado

Agarrados a Del Bosque

Madrid utiliza el triunfo del seleccionador, repudiado por Florentino por antiguo, para tapar el fracaso del club blanco en Zúrich

El entrenador salmantino no olvida su doloroso despido

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
BARCELONA

Miércoles, 9 de enero del 2013

Agradecido 8 Del Bosque, en el parlamento tras recibir el premio a mejor entrenador del año.

No pudieron agarrarse a Cristiano Ronaldo. Tampoco a José Mourinho que, encima, se ausentó, pues prefirió acudir, a esa misma hora, a Canillas a ver entrenarse a su hijo. No pudieron agarrarse al Real Madrid, que resultó derrotado en casi todas las votaciones. Y, mucho menos, a la imagen de su glorioso club, que dejó vacía la única silla del Kongresshaus de Zúrich.

Así que no les quedó más remedio que agarrarse a Vicente del Bosque, que es de todos, nacido en Salamanca, criado en las ubres madridistas y fue despedido, sí, como un apestado. La presencia, triunfo, señorío, discurso e imagen de Vicente del Bosque fue un tiro en la pierna de Florentino Pérez, que le despidió en junio del 2003 porque poseía «un librillo caducado» y ofrecía «síntomas de agotamiento». Las últimas palabras del sabio salmantino, aquellas en las que recordaba que «los entrenadores tenemos que velar por las actitudes y el buen comportamiento», resultaban, sin duda, un dardo hacia esa silla vacía de Mou.

El Madrid vivió esa noche como una derrota, pese a contar con cinco jugadores en el equipo ideal. Y la vivió porque Mourinho mintió; porque Florentino, cuya foto con Pep Guardiola dio la vuelta al mundo, no quiso imponer su autoridad recordándole a su técnico que debía viajar en nombre del Madrid, y porque, finalmente, se descubrió que Casillas votó a su entrenador y no a su seleccionador.

Despedido sin piedad

La silla vacía del puto amo les retrató a todos. Aunque, eso sí, ya parece existir permiso para matar. Nadie da ya un duro por Mou en el Madrid del Txistu, curiosamente el restaurante donde Del Bosque se enteró, en una noche de junio del 2003, que iba a ser despedido por antiguo. Bueno, que no le renovarían porque, en palabras del ser superior: «Necesitamos un entrenador que se adapte mejor a la imagen del club». «Lo del librillo caducado -dijo entonces el minusvalorado Del Bosque- solo es un eufemismo que se emplea para agredirme de la forma más cruel. No soy rencoroso, pero algo así no se olvida».

Del Bosque, al que el madridismo no puede olvidar tras ascender a los cielos impulsado por los chicos de La Masia, no por los zidanes y pavones, fue fulminado tras ganar dos Copas de Europa (2000 y 2002), dos Ligas (2001 y 2003), una Intercontinental (2002) y una Supercopa (2002). Y fue fulminado por teléfono. «Dicen que soy blando -contó entonces- pero veremos si un técnico con látigo consigue igualar este palmarés en el Madrid».

Sin homenaje ni invitación

Del Bosque es utilizado en Madrid con el mismo desparpajo que utilizan a Iniesta, un jugador universal, capaz de enamorar por su juego y por su buenismo. Puede, sí, que ese talante y, cómo no, sus ideas progresistas no le hiciesen ningún favor al ahora ensalzado seleccionador cuando entrenaba, a su manera, la misma que ahora ha proporcionado a España una Eurocopa y un Mundial, a un Madrid en cuyo estadio podían verse a Aznar, Florentino, Fefé y Abelló, más próximos a la derechona que a las ideas que sirvieron a Del Bosque para impulsar, con orgullo, la puesta en marcha de la AFE.

Ese Del Bosque excelso, que para sí quisieran millones de madridistas (y más ahora que se ha abierto la veda contra Mourinho), reconoce ahora haber llorado el día que Florentino puso punto y final a 35 años de historia en el Madrid. «Claro que llore, ¡qué caray, estamos hablando de 35 años!». ¿La razón? La expresó el ahora seleccionador en agosto del 2003: «Han sido malvados con un persona que nunca hizo mal alguno al Madrid. Todo se debe a ese gran coro que hay alrededor del presidente que malmete e intoxica de manera sibilina».

El Real Madrid, que vio cómo el librillo de Del Bosque se convertía, en la espectacular gala de Zúrich, en el mejor guion jamás escrito, todavía no ha homenajeado a su exentrenador. «Ni siquiera me han invitado al palco, donde sí han estado desde Tom Cruise al intermediario que nos birló a Mista», sentenció hace poco Del Bosque.

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