Llegó al final. El último, prácticamente. Cuando la mayoría de sus compañeros estaban ya en el avión, un vuelo chárter a París para disputar esta noche el tercer amistoso de la pretemporada, apareció Eric Abidal. No iba solo. Iba con un amigo. Llegó Abidal convertido en uno más. Aunque no lucía el polo azul ni las bermudas veraniegas del resto de jugadores del Barça. Ése es el único rasgo que le diferenciaba visualmente de los demás. Tras ser sometido a un trasplante de hígado el pasado mes de abril, Abi, como le llaman todos, realizaba su primer viaje con el equipo. El defensa, en su primera aparición pública, hará el saque de honor del partido de esta noche entre el París Saint Germain y el Barça.
Volvía a Francia. Volvía a su país. Visiblemente más delgado, con descuidada barba de algunos días, Abidal iba saludando efusivamente, uno a uno, a todos sus compañeros, miembros del staff técnico y colaboradores. Se coló en la última jardinera antes de subir al avión, donde coincidió con Pedro, Piqué y Alves, con todos ellos no paró de bromear como si nada hubiera cambiado en estos tres meses y medio.
Sentado entre Pedro y Piqué, soportando con calma al inicio el asedio fotográfico, Abidal pidió luego a los fotoperiodistas que pararan un poco para charlar con calma con sus dos compañeros.
Ha vuelto Abi, que compartió el viaje, entre otros, con el presidente Sandro Rosell, el vicepresidente económico Javier Faus y el director deportivo del club, Andoni Zubizarreta, sin saber si algún día podrá volver a vestir ese polo azul, si alguna noche podrá estar en el césped y no en la grada. Pero ha vuelto sonriendo, feliz, liberado. Es un pequeño paso. No el último. Pero sí de enorme valor simbólico.
En mayo recibió el alta hospitalaria y no se sabe si podrá recibir algún día el alta deportiva. Para ello pelea en cada momento. Pero viéndole moverse por los autocares, aviones y pasillos de aeropuertos, tanto el de El Prat barcelonés como el Charles de Gaulle parisino, se sentía cómodo, rescatando, al fin, la rutina perdida. Esos pequeños detalles que le hacen realmente feliz.
Han cambiado muy pocas cosas en el Barça desde que esa terrible enfermedad le quitó a Abidal el placer de jugar con una pelota. Ya no está Guardiola, el técnico que no entendía al inicio (incluso pensó en irse en sus primeros meses de convivencia), al que luego adoró porque le hizo evolucionar y progresar como defensa. No solo era un lateral izquierdo. Ni tan siquiera un central. Era mucho más. No está Guardiola y ahora manda Tito.
También se ha marchado a China, Seydou Keita, su amigo del alma, en busca del contrato de su vida. Y, mira por donde, el día en que el Barça no tiene ni un solo lateral izquierdo para jugar esta noche ante el París Saint Germain (Tito ha dado vacaciones extras a Jordi Alba y Adriano se ha hecho un esguince en el tobillo), apareció Abi para animar a todos. ¡Lo qué daría por llevar ese polo azul!
Pero, de momento, es uno más. Va y viene con el equipo. Viaja con ellos. Va y vuelve a Francia. Abidal ha vuelto.