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DE UN POBLADO DE ÁFRICA A LA CUNA DEL BÁSQUET

Gran hermano Bienvenu

La Penya tutela en un entorno familiar la formación de un joven congoleño de 16 años y 2,26 de altura

Letuni fue operado en Can Ruti de una alteración de la hormona del crecimiento

Jueves, 6 de enero del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
EMILIO PÉREZ DE ROZAS
BARCELONA
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El poblado se llama Bandundu. Está a cuatro horas en carromato de Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo. Allí nació, hace 16 años («no tiene ni uno más», asegura Jordi Martí, director de la cantera del Joventut de Badalona), Bienvenu Letuni, el joven que, de momento, mide 2,26 metros y aspira a ser el techo del basket español, como en su tiempo lo fue Roberto Dueñas (2,21), también aquejado de acromegalia, una enfermedad crónica, causada por una secreción excesiva de la hormona del crecimiento. Es decir, todo lo contrario a lo que le ocurrió al prodigioso Leo Messi. Gracias a las inyecciones de crecimiento aterrizó La Pulga en La Masia azulgrana.

Un 55,5. La enorme bota de Letuni. EMILIO PÉREZ DE ROZAS

Letuni, entre un compañero y un rival, en L'Hospitalet. EMILIO PÉREZ DE ROZAS

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Información publicada en la página 44 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 06 de enero de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

Bienvenu, cuyo nombre parece expresamente escogido por sus padres, sabedores de que su hijo acabaría recalando en uno de los hogares deportivos más familiares del mundo, la Penya, no tenía intención de jugar a basket, pero hubo quien le descubrió su pasión oculta. Fue la compañía You First Sports (Tú primero), a caballo entre una ONG deportiva y una empresa cazatalentos, que, en uno de los muchos campus que organiza por África (Congo, Senegal, Camerún, Tangania...), vio posibilidades en un niño de 15 años. Pere Gallego le pidió a su colega Anicet Lavodrama, exjugador de la Liga ACB y con billete semanal a cualquier país africano donde pueda descubrirse un nuevo talento, que fuera a verlo. Y Lavodrama fue, vio y se lo trajo a España. Estuvo primero en Vitoria, con el Caja Laboral, pero, finalmente, se lo quedó una entusiasmada Penya.

La salud, lo primero

Hace algo más de un año, cuando el nuevo gran hermano de los júniors verdinegros entró en el piso tutelado por Óscar Tala, en el que convive con otras cinco promesas, solo había un objetivo, un propósito en el club que preside Jordi Villacampa y, digno de elogio, en su principal patrocinador, la aseguradora DKV: la salud de Letuni, salvarle la vida.

El doctor Víctor Laínez, desde el club, y la doctora y cirujana Cristina Hostalots, que terminó operando al joven congoleño en un quirófano de Can Ruti, mimaron al gigantón hasta dominar su enfermedad y ofrecer al muchacho la posibilidad de cumplir el que ya es su sueño: ser jugador de baloncesto.

Nadie sabe si extraordinario, bueno o malo. Todavía hay demasiadas dudas sobre él, pese a que, tanto física como mental y técnicamente, no puede ofrecer mejores expectativas. «El mérito de la Penya --explica Pere Gallego- es doble ya que, por un lado, no ha regateado ni esfuerzos ni medios para salvarle la vida a Bienvenu y, por otro, le ha ofrecido una familia, unos amigos, unos maestros y unos compañeros ideales para crecer, tanto personal como deportivamente». Nadie sabe dónde llegará Letuni, pero todos aseguran, desean y ansían que su salto de Bandundu a Badalona cambie, a mejor, su vida y la de los suyos.

Letuni, que pasó la Nochebuena en casa de Jordi Martí, la Navidad en casa de Oscar Tala y el Fin de Año en casa de su entrenador, Lluís Riera, no muestra, ni mucho menos, la torpeza de otros gigantes. «No sabemos dónde llegará, pero tiene muy buena pinta», dice Riera, que estos días lo dirige en el pabellón de L'Hospitalet Nord, en el prestigioso torneo júnior de Reyes donde ha hecho su presentación internacional. «Para lo grande que es, se mueve con enorme coordinación, tiene muy buenas manos y, sobre todo, escucha mucho».

Nadie tiene prisa con Letuni, nadie. Y mucho menos la Penya. «Lo único que queremos es que disfrute de su nueva vida y del basket», dice Martí, que es otro de los que no se separa del congoleño. «Y que aprenda todo lo que pueda. Nosotros ya empezamos a saber cinco o seis palabras en lingala y él nos ha sorprendido con su castellano y francés y pronto hasta con el catalán». «Es un auténtico trozo de pan», dicen sus compañeros, que le adoran. Y eso que calza un 55,5 y que su mano, enorme, no se puede fotocopiar en un DIN-A4. No cabe, se sale por los bordes. «Tener una mano así -cuenta Riera- es bueno para atrapar la pelota y taponar, pero malo para encestar. Trate usted de encestar una pelota de tenis, ya verá lo difícil que es».

«Es entrañable, la verdad», afirma Riera. «Vive sin complejos, feliz», añade Tala. «En cuanto gane kilos va a ser temible bajo el aro», sentencia Martí, que añade mientras esboza una amplia sonrisa: «Los rivales empiezan temiéndole, pero enseguida le encuentran las cosquillas». Y es que Letuni es, fundamentalmente, un bonachón. Y, claro, los chicos abusan de él.

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