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La temporada azulgrana | Una carrera ejemplar

Puyol: El monstruo de La Pobla

Puyol alcanza la cifra de 500 partidos oficiales superando todos los obstáculos porque empezó a jugar a fútbol de verdad en su pueblo cuando ya tenía 15 años

Tras casi un mes de prueba, el Barça le abrió la puerta en 1995

Lunes, 15 de noviembre del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MARCOS LÓPEZ / Barcelona
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En aquel verano de 1995, en los años aún de Núñez y ya finales de Cruyff, cada mañana se veía a un joven melenudo cruzar la Avenida de Madrid, muy cerca del Camp Nou. Solo tenía un destino. Buscar un quiosco, comprar toda la prensa deportiva del día, encerrarse en un piso durante horas a la espera de que Ramón viniera a buscarlo. No, no estaba en su pueblo. No, no estaba en La Pobla de Segur (Pallars Jussà, Lleida) ni tampoco con su familia. Había bajado hasta la ciudad para demostrar que sí sabía jugar a fútbol. «Tenemos un monstruo en el juvenil, ven a verlo», no pararon de decirle Ordi y Palacin (técnicos del juvenil), y Alsina (del primer equipo), «compañeros de colla» de Ramón. Y éste, funcionario de Hacienda en aquella época, recién casado e hijo de La Pobla, subía cada fin de semana a ver a sus amigos.

Líder 8 Puyol, el pasado sábado, durante un momento del partido ante el Villarreal. JORDI COTRINA

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Información publicada en la página 208 de la sección de Fútbol de la edición impresa del día 15 de noviembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Hasta que un día vio al monstruo correr por ese campo de tierra, con la melena al aire agotando el alma en cada esprint. En uno de esos fines de semana, Ramón, que podía contactar con Núñez, abrió también la vía de Antonio Oliveres, entonces presidente de Kappa, la firma que equipaba al club. A donde no llegaban los contactos llegaban los vínculos de la tierra. Oliveres, ya fallecido, también era de La Pobla.

Un portero frustrado

Así, tras varios fines de semana de seguir los consejos de sus viejos amigos, algunos de ellos compañeros de pupitre en la escuela, Ramón esperó un día un coche que bajaba lleno de La Pobla. Iban Ordi, Alsina, Palacin y dos Puyol (Putxi, el hermano mayor, mejor dotado técnicamente, y Carles). En Barcelona, junto a Ramón, estaban José Ramón Alexanko y Martínez Vilaseca en un campo cercano al Mini. Putxi tenía 19 años; el monstruo, 17. Ambos jugaron juntos y se ayudaron en ese primer partido con el Barça C.

Al acabar, pocos signos de entusiasmo. Una prueba más. Solo eso. «Mira Ramón» le dijo Martínez Vilaseca, «hay dos posibilidades. O se vuelve al pueblo y lo vamos viendo o si tiene algún familiar aquí, en Barcelona, que se quede y venga a entrenar unos días más».

Si volvía a La Pobla, (casi tres horas se tarda en llegar desde la ciudad), el fútbol se habría acabado para alguien que empezó de portero. ¡Sí, de portero! Pero se lesionó y el doctor Algueró le recomendó que abandonara los palos para correr a campo abierto. Primero como delantero, luego como interior y después como defensa, inicialmente de lateral derecho y al final de central (zurdo o diestro). Empezó tarde a jugar (15 años) y con escasa formación -su única escuela era la tierra y el balón-, mientras los amigos de Ramón publicitaban sin parar su espíritu libre e indomable. Y Mauri, ¡qué decir de Mauri!, moldeaba en La Pobla su cuerpo. ¿Cómo? Antes de ir al colegio, le ponía ejercicios físicos con sacos de arena. Empezaron tres niños y solo el monstruo resistió.

«¿Te han dicho algo?»

Primer entrenamiento, primera decepción. «¿Te han dicho algo, Ramón?», preguntó el monstruo sin hallar respuesta. Así, día tras días, mientras cruzaba la avenida de Madrid en busca de prensa a la espera de que llegara la tarde. Un simple entrenamiento con el

Barça C. Para él, era una batalla. Hasta que Martínez Vilaseca, cumplidas ya las tres semanas de tensa espera (solo subió una vez a La Pobla como si temiera perder el tren de su vida), descolgó el teléfono. «Ramón, dile que se quede con nosotros», le contó el técnico. «No, mejor díselo tú», replicó el hombre que salía de la oficina a las tres, comía con el monstruo y a las cinco lo veía cabalgar a lo loco por el Mini.

El mismo día que Kodro

En La Masia no cabía entonces porque estaba llena. Por eso, vivió esos días en la casa de Ramón. Bajó los libros, pero apenas los abrió. Cansado de esperar. Jamás cansado de correr, hasta que Martínez Vilaseca se le acercó: «Mañana, te vienes a jugar un amistoso en Sallent». Era el torneig Enramades. Y en el autobús, pasando cerca de Santpedor, el pueblo donde nació Guardiola, recibió un último mensaje: «Si quieres fichar por el Barça, tienes que cortarte el pelo». Tal vez, fue la única orden que no cumplió. Quince años después, el monstruo ha paseado su melena en 500 partidos, 42.829 minutos, 13 títulos y 9 goles marcados desde su debut (2 de octubre de 1999 en Valladolid) viendo desfilar a 13 centrales: Abelardo, Déhu, Frank de Boer, Andersson, Christanval, Oleguer, Márquez, Mario, Thuram, Milito, Cáceres, Piqué y Chigrinskiy. Y el 23 de junio de 1995, el mismo día en que fichó Kodro, el monstruo firmó por el Barça. Hasta hoy.

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