El Periódico

Lunes, 20 de septiembre del 2010

Por cada victoria hay que pagar un precio. El de Messi se cifrará en varias semanas, un huevo de paloma en su tobillo derecho, mucha lágrima y bastante sudor con los recuperadores. Ha tenido suerte porque podría haber sido mucho peor. Es el sino de las grandes estrellas: Maradona abatido por Goikoetxea; Cristiano por Diawara; Messi por Ujfalusi. Siempre hay un cazador dispuesto, por lo civil o por lo criminal, a abatir piezas mayores. Precio alto para un Barça que acudía al cementerio donde acostumbra a enterrar sus ilusiones, el Calderón, una plaza que no se puede visitar con frac.

Acostumbrado a jugar vestido de esmoquin, al Barça no le gusta en exceso usar el mono azul. Va contra sus instintos. El cuerpo le pide tocar, combinar, acunar el balón, mecer al rival, dormirle de banda a banda y ejecutarlo con silenciador. Pero el Calderón es ruido por excelencia, pasión, griterío, exaltación pura, de ahí que Guardiola alterara el plan que le llevó a derrotas anteriores y se plantara sobre el césped sin miedo a la trinchera. Vuelta de tuerca táctica, con tres centrales y Xavi e Iniesta en el doble pivote para llevar el control, delanteros por dentro, bandas para los laterales. El resultado no ha sido un partido bello, de los que acostumbra este equipo estético, sabroso y hedonista, sino una pelea de hierro y furia, donde cada jugada desprendía azufre. Pero ha sido un gran tratado táctico, con variantes y permutas constantes; un partido a mostrar en la escuela de entrenadores por lo que tiene de organización defensiva y cómo impedir que un rival que apuesta por el contragolpe pueda realizar ni uno solo.

Cuanto más conocen los rivales a Guardiola más les desconcierta. Le estudian y aplican antídotos, pero por cada peldaño que escalan los perseguidores el técnico blaugrana sube otro más. En cada encuentro reinventa posiciones, aplica modificaciones que suenan leves pero alcanzan consistencia y estruendo. No todo lo que inventa tiene éxito, por descontado, pues hay novedades que aportan mejoras y a cambio perjudican otros aspectos. Pero resulta enriquecedor ver que el entrenador no se conforma con lo hecho y conquistado, ni se duerme en su estrategia, ni se encierra en la excusa de que los rivales ya te conocen, sino que persiste en buscar nuevos horizontes en la táctica futbolística, ahora que todo ya parecía inventado.

El técnico recuerda que el Barça es su casa y no descarta nada