Tal vez era el aturdimiento del desfase horario. O, quizá, la confusión geográfica. Pero ni Leo Messi ni Dani Alves supieron descifrar en qué Corea se encontraban y contra qué combinado se enfrentarán mañana. Hay dos Coreas y, nada más aterrizar, eran demasiadas. Aunque los dos se midieron a ambos países hace apenas un mes en Suráfrica.
Información publicada en la página 34 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 03 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
«No sé cuál era el uno o el otro», confesó Messi en la segunda pregunta que le formulaban en una rueda de prensa protocolaria nada más llegar al hotel Mayfield, donde se hospeda el Barça. Apenas había tenido tiempo de almorzar, con todo el grupo, y se encontraba en un enorme salón frente a decenas de flases que le fusilaron nada más sentarse ante la mesa. Cuando acallaron las risas de los periodistas que le entendieron, soltó palabras elogiosas que servían indistintamente para los dos países, que vuelven a estar sumidos en otra crisis bilateral de relaciones.
Servían igual porque las dos Coreas empezaron y acabaron al mismo tiempo. Pero Messi supo a continuación que se medía a Corea del Sur, la República de Corea, cuando le trasladaron una frase del meta de la selección asiática. Jung Sung Ryong aún se vanagloria de que el azulgrana no le marcara en la goleada albiceleste (4-1), y pronosticaba que tampoco se lo marcaría en el amistoso que enfrentará al Barça a un combinado de la K-League. «No sé si voy a jugar», comentó sonriente. Y, seguramente, no lo hará. Como máximo jugaría media hora, si el club azulgrana prefiere ahorrarse la penalización que figura en el contrato y que exige la presencia de la estrella.
Sin acordarse tampoco de haber guiñado un ojo a un rival surcoreano, «ni por qué», en una imagen que quedó grabada por televisión, Leo ni siquiera sabía «ni la hora» en que estaba, tal era su desorientación tras 12 horas de vuelo. Podían ser las 9.30 de la mañana de Barcelona o las 4.30 de la tarde, pero conservaba el sentido del humor, tan necesario en las ruedas de prensa de periodistas asiáticos. Si a Ronaldinho le preguntaron una vez por el cepillado de sus dientes, a Leo le cuestionaron por los impedimentos que tenía para jugar a fútbol con su baja estatura «de niño» y qué mensaje daría a los que estuvieran acomplejados por una escasa envergadura. «La mayoría de los jugadores de España que han quedado campeones del mundo son bajitos», recordó el argentino, en alusión a Villa, Xavi e Iniesta, que serán sus principales competidores por el Balón de Oro.
Tampoco Alves tenía muy claro qué Corea visitaba y si era el mismo país con el que se midió en Suráfrica. Se rió cuando Messi tuvo que salir del atolladero y volvió a reír al verse en la misma tesitura. En su caso, se midió a la del Norte, la ultracerrada República Democrática Popular. También venció por 2-1, aunque dos partidos después, como Argentina, hacía las maletas. «Ya he ahogado mis penas en las vacaciones y vuelvo con el ánimo renovado», dijo Alves, que se reencuentra con un viejo amigo. «Adriano es un jugador con carácter que puede jugar en varias demarcaciones. Espero que dé el mismo rendimiento que en el Sevilla», deseó el defensa.
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