Acaba de abrirse un concurso de ideas para intentar comprender lo que ocurre. Es un método habitual en el barcelonismo, que recurre a él cada vez que se tuercen las cosas. Y dado que el barcelonismo es lo más parecido que existe a un estado de ánimo ciclotímico, esto ocurre a menudo. Ahora estamos de lleno en la presentación de ideas para entender el indiscutible bache de resultados. Los candidatos al premio de honor son el cansancio físico, la fatiga psíquica, la relajación por los elogios, los errores de Valdés, la fragilidad defensiva, la ausencia de Iniesta, la falta de oficio para matar partidos y la concesión de facilidades excesivas en el centro del campo. Se trata de un concurso entretenido, pero estéril.
El Barça no es invulnerable. Hoy es obvio. Todos coincidimos en ello pues resulta irrefutable, pero hace un mes nadie escuchaba cuando Guardiola lo proclamaba en medio de la euforia. Tampoco hace un par de años nadie en el mundo entero reconocía la burbuja inmobiliaria y ya ven qué batacazo nos hemos pegado.
La otra realidad es que el fútbol no es repetitivo. Un colectivo se enfrenta cada vez a un partido distinto; cambian las circunstancias y todos aquellos pequeños accidentes que te hacen triunfar o perder. El colectivo responde de manera diferente en cada ocasión. La misma máquina que ayer arrasaba, hoy se colapsa. Entre otras razones porque el rival también sabe, también aprende y también corrige.
Todos los rivales han aprendido cuatro cosas: que a Márquez hay que impedirle sacar el balón con limpieza; que otro delantero debe marcar a Touré para quebrar el espinazo del equipo; que a Xavi hay que aplicarle un marcaje individual severo; y que siempre debe vigilarse a Messi con un marcador y dos coberturas. Estas cuatro medidas aplicadas con energía bastan para gripar la máquina.
¿Qué debe hacer ahora el Barça? Nada estrambótico: entrenarse, estudiar al rival e ir a por la victoria en todos los partidos. La solución no está en los concursos florales.