Una eclosión espectacular

Sergio Busquets completa un viaje vertiginoso que en 8 meses le ha llevado de Tercera a la selección

El jugador, de 20 años, fusiona el gen del Barça con el fútbol de la calle

Sábado, 7 de febrero - 00:00h.

Javier Fernández se ha quedado solo entrenando esta temporada al Badia juvenil. El equipo, eso es verdad, funciona como la seda. Va líder de su Liga. Pero Sergio, su sobrino, no le puede ayudar como le había prometido al empezar el curso. "Seré tu ayudante", le dijo entusiasmado Sergio, ese chico joven (20 años), responsable, futbolero, un culé enfermo --adoraba a Figo hasta que le traicionó al vestirse de blanco--. El mismo que idolatraba desde niño a Xavi, a quien tiene ahora a su lado. Sergio Busquets, el sobrino de Javier, no puede ir cada fin de semana a su pueblo porque hace ocho meses emprendió un vertiginoso viaje desde Badia hasta la selección española absoluta.

Y, claro, no le queda tiempo para nada. Hace año y medio, Sergio ni jugaba en Tercera porque empezó la temporada lesionado. No quiso ponerse su apellido en la camiseta y tan solo accedió a colocar la B. De Busquets, por su padre, y de Burgos, por su madre. Hace un año, Guardiola le abrió la puerta del filial. Hace seis meses, la del Barça. Cada vez tenía el día más ocupado. "Si te paras a pensarlo fríamente, no entra en tu cabeza lo que le ha pasado. Desde niño se veía que se ganaría la vida con el fútbol", dice Javier Fernández, tras una fría noche de invierno en la que acaba de dirigir a su equipo.

"Intuitivo y sencillo"

Al lado de Javier abandona solitariamente un anónimo campo de tierra en Badia Aitor Busquets. Es el hermano de Sergio, el otro hijo de Busi, el "portero sin manos", como lo definió el diario francés L'Équipe. Ninguno ha seguido la senda de su padre. Aitor es extremo zurdo y juega en el Badia. Sergio es centrocampista diestro. Y asombró a todos. A Guardiola, el primero. "Es intuitivo, sabe entender su posición, es sencillo en su juego, no pierde pelotas... Pero tiene margen de mejora", dice el técnico.

En septiembre, el día que debutó con aquel empate en el Camp Nou ante el Racing (1-1), a Cruyff se le iluminaron los ojos. Horas después, su artículo en EL PERIÓDICO anunciaba algo grande. "Técnicamente superior a Touré y Keita. Posicionalmente, apariencia de veterano. Con y sin balón. Con balón hizo fácil lo difícil: dar salida a uno o dos toques. Sin balón, otra lección: la de estar en el sitio justo para interceptar y recuperar corriendo lo justo. Y eso siendo joven e inexperto. Los mismos pecados que su técnico", escribió Johan. Entonces, nadie reparó en Sergio ni tampoco creían en el joven e inexperto Guardiola.

Rechazado en una prueba

Sergio, siendo niño, y a pesar de ser hijo de quien era, no pasó una prueba en el Barça. Y se marchó por esos campos de tierra (Badia, Barberà, Lleida y Jabac Terrassa). Allí, Rodri, exjugador y exentrenador azulgrana, un sabio de voz ronca, torturaba semanalmente los oídos de Quique Costas, técnico del club. "Ven, tienes que ver al hijo de Busi! ¡Debes verlo!" Al final, tras mucho insistir, fue a verlo y se lo trajo ya como juvenil. De niño no lo quisieron, pero luego fueron a buscarlo. Pasó de la tierra al cielo.

El resto ya es conocido: titular, renovación hasta el 2013, cláusula de 80 millones de euros, juega de pivote defensivo, una posición que ha revolucionado. Antes, de La Masia salían jugadores pequeños, imaginativos y dinámicos (Xavi, Iniesta, Cesc...). Ahora está él. Alto (mide 1,89 m), potente, capaz de fusionar el gen del Barça (piensa antes de tocar el balón) con el fútbol de barrio, de la calle: ha provocado 18 tarjetas amarillas en los rivales y dos expulsiones.