Salidos de cuentas es veloz y descontrolada, y eso es bueno pero también es malo. Proporciona explosiones abruptas de humor pero no risas constantes ni especialmente convulsivas. ¿Por qué? Porque su argumento es excesivamente lineal y episódico y porque Todd Phillips depende exclusivamente del carisma de sus actores para dar significancia a dos personajes patológicamente inestables, y tan esquizofrénicamente divididos como el propio director entre lo gamberro -drogas, masturbación¿ y lo sentimental -amores y desamores de padre--. En cualquier caso, en última instancia Salidos de cuentas muestra un saludable rechazo a imponernos lecciones morales ni redenciones de última hora. Los personajes no aprenden nada. El único motor de su viaje es el slapstick.
Información publicada en la página 124 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 05 de noviembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
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