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entrevista con el Exdirector general del cine

Ignasi Guardans: "El móvil de la ministra solo lo tiene la gente del cine"

Ignasi Guardans deja la dirección general del cine sin romper con el 'proyecto Zapatero'. Otra cosa es su opinión sobre el sector.

ERNEST ALÓS / Madrid

Miércoles, 27 de octubre del 2010

-Han pasado cinco días desde que se le comunicó su cese y aún no ha quedado muy claro qué ha pasado.

-Perder la confianza de la ministra es algo perfectamente normal. Tiene todo el derecho a rodearse de gente de su confianza. Lo que hay es un cambio de rumbo de la ministra, en las formas o en el fondo, que no me corresponde juzgar.

-¿Problema político o personal?

-No ha habido diferencias políticas. Nada de lo que se ha hecho en el Instituto de Cinematografía (ICAA), ni respecto a los festivales, ni respecto a la Filmoteca, ni respecto al régimen de ayudas, se ha hecho sin, no ya el consentimiento de la ministra, sino la consulta previa y la complicidad. No he ido por libre. La ministra, a veces compartiendo el fondo de decisiones, ha cuestionado la forma, en tanto que podía molestar a algunas personas. Seguro que tiene su parte de razón. Pero el cine es un sector con una dependencia tremenda de la ayuda pública y que se encuentra en un proceso de reconversión industrial brutal, y hay que tomar decisiones que afectan al futuro empresarial de algunos. Eso se puede hacer de una forma más o menos suave, pero es muy difícil decirle a una empresa que le quitas una subvención de 200.000 euros, o comunicarle de parte de Hacienda que devuelva 300.000 euros más intereses, y hacerlo con una gran sonrisa.

-¿Ha pesado el origen y los lazos de la ministra con el sector?

-Es un tema delicado pero que no se puede ignorar. Me ha tocado ser el responsable de un área a la que pertenece, de la que procede y a la que volverá la persona que me daba las instrucciones. Eso es un dato, y cada uno puede sacar sus conclusiones. El móvil de la ministra solo lo tiene la gente del cine, y allí hay una correa de transmisión de los descontentos.

-¿Una ministra demasiado influida por el sector, entonces?

-No podría decir que la ministra no esté influida por el interés público... pero desde siempre, la dificultad para ser director general de cine es que hay que responder a dos legitimidades. Una, al interés general, al que uno tendría que deberse en último término. Pero en el caso del cine uno está permanentemente vigilado por los propios destinatarios de las ayudas públicas, que acaban decidiendo, como se acaba de demostrar, quién conviene que esté allí y quién no conviene que esté allí, que acaban, directa o indirectamente, contribuyendo a decidir quién quieren que sea su interlocutor. El sector del cine no es solo el administrado pasivo sino que tiene mucho que ver en las decisiones que toma el Estado.

-¿Cuando habla de reconversión...?

-Aplicar la palabra reconversión al cine a algunos les pone muy nerviosos, pero han saltado por los aires el modelo de distribución, la manera de hacer cine, la industria que hay detrás, toda una generación ha dejado de ir a las salas... El cine español tiene una enorme calidad y prestigio, pero buena parte de los productores no se han preocupado de su público, porque su dinero no venía de la taquilla. Eso que se llama eufemísticamente el sector debe asumir el mundo en el que está.

-¿Podría explicarse más?

-Hay productores que han vivido muy alegremente, haciendo unos cálculos financieros en los que tenían un enorme peso la ayuda ministerial, la ayuda autonómica y las televisiones públicas. Se les ha caído esta parte del plan y no tienen otra. En España, con una industria extraordinariamente débil, todo eso crea una incertidumbre y un miedo que se puede afrontar con decisiones arriesgadas para ir hacia una nueva industria, que es lo que están haciendo algunos productores españoles, o caer en el pánico que lleva a quedarse anclado y que papá Estado nos saque de esta. Y esto difícilmente podrá ocurrir. Sigo defendiendo las ayudas públicas al cine, pero que se den con transparencia, con control y a quien cumple los requisitos para tenerlas. Por haber verificado eso y haber exigido que eso fuera así han venido algunos de mis disgustos.

-¿Despilfarro o fraude?

-Ha habido fraude en las subvenciones al cine, pero como ha habido fraude en las subvenciones agrícolas o en cualquier otro sector. No es cierto es que todo el cine defraude, ni muchísimo menos. Lo que sí sucede es que todos los problemas acaban en cuestión de dinero. He escuchado a productores catalanes decir que no ha habido diálogo. En este caso, el problema estriba en que, si se confirma la interpretación de la Hacienda y de la abogacía del Estado de que con la legislación vigente no cabe la doble financiación Generalitat-ICAA por los mismos gastos, las consecuencias pueden ser muy graves para la pequeña y mediana empresa audiovisual catalana, hasta el punto de que pueden llevar a la desaparición de algunas de ellas.

-¿Le consta que la ministra haya planteado mayor flexibilidad?

-Sí, creo que hay alguna gente que cree que cambiar al director general basta para hacer que las cosas cambien en su propio beneficio, pero verán que las cosas son un poquito más complicadas.

-Como director general dijo que su opinión como ciudadano sobre la ley del cine catalana se la reservaba.

-Creo que el Estado no debía intervenir en una ley que hacía Catalunya en uso de sus competencias y diré ahora, que no soy director general, que esa ley no me gusta. Creo muy poco en el mundo de la prohibición. Es una ley que me suena vieja porque no tiene suficientemente presentes las posibilidades que da la distribución digital.

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