Técnicamente, el Heliogàbal no es una sala de conciertos. Es solo un bar. Pero cada semana acoge tres o cuatro actuaciones. Unos días apenas hay 20 espectadores sentados y otros hay más de cien asardinados. Eso sí, entre sus cuatro paredes se genera ese clima de proximidad que anima al artista a estrenar canciones inéditas y a que el público se atreva a conversar con los músicos. En el Helio los grupos están o muy relajados o muy nerviosos. Nunca es un concierto normal. La gente está tan encima que hasta el más bregado se siente desnudo.
Íntimo 8 Las pequeñas medidas del Heliogàbal generan un clima de proximidad entre el público y los artistas. ELISENDA PONS
Información publicada en la página 57 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 14 de octubre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
El Helio es el banco de ensayos de muchas bandas autóctonas, el local familiar donde los grupos se atreven a hacer lo que nunca harían ante mil personas, el miniescaparate donde promotores de festivales y cazatalentos van a echar un vistazo. En el Helio puedes ver a Lluís Gavaldà solicitando canciones en un concierto de Francisco Nixon; a El Petit de Cal Eril bajando la cabeza mientras escucha a Sanjosex y pone cara de «¡pero qué bueno es este tío!»; a un trompetista, un saxofonista y un tubista apareciendo por detrás de la barra durante una actuación de Manel.
Paradójicamente, el Heliogàbal carece de licencia para celebrar conciertos. Durante años el Ayuntamiento de Barcelona ha hecho la vista gorda ante la cantidad y calidad de su programación. La ausencia de quejas del vecindario también ha ayudado, por supuesto. Y con una media de una docena de actos al mes, en los últimos cinco años puede haber albergado ya más de 500 actuaciones. El escenario, por cierto, mide cuatro metros de ancho por dos y pico de fondo, así que cuando la banda tiene más de cuatro miembros empiezan las estrecheces y hay que apretarse.
Escala obligada
Aun así, o quizá gracias a ello, la inmensa mayoría de grupos barceloneses han actuado allí: Mishima, Maria Coma, Manel, Joe Crepúsculo, The New Raemon... También lo han hecho algunos del resto del país (Joan Miquel Oliver, Anari, Sr. Chinarro...) y hasta extranjeros: Mark Eitzel, Damon & Naomi, Mark Kozelek... Y no solo eso: cada día llegan a este pequeño local de Gràcia una media de tres propuestas para tocar allí. Hace tres años que el Helio es una escala imprescindible para cualquier banda.
Por todo ello, el mes pasado el Heliogàbal pasó a ser, quizá, el primer bar español que recibe una distinción cultural. El festival Altaveu de Sant Boi le concedió un Premi Altaveu «por haberse convertido en un local clave para la cultura del barrio de Gràcia y un referente musical para Barcelona». Y ayer mismo el programa Sputnik estrenaba el documental Heliogàbal, retrat de família, que describe cómo un negocio tan modesto y familiar se ha convertido en enclave cultural. Una día Jaume Sisa pasó por allí y al salir comentó que el Heliogàbal era lo más parecido al Zeleste de la calle de Platería.
El Heliogàbal cumple esta semana 15 años, pero el local no siempre funcionó como hoy. Nació en 1995 como sede de la Associació Cultural Heliogàbal fundada, entre otros, por la mujer de Pau Riba. Solo abría de vez en cuando (eso sí, con horarios totalmente anárquicos) para acoger tertulias, conciertos y otros actos clandestinos, pues entonces no tenían ni licencia de bar. Ya en esta década cambió de manos, obtuvo una de las últimas licencias de bar que se han concedido en el barrio y se convirtió poco a poco en lo que hoy es: punto de encuentro, hervidero de ideas, banco de pruebas, escaparate de propuestas marginales...
Artur Estrada es el responsable de la agenda de conciertos que orbitan alrededor del rock, pero hay líneas dedicadas al jazz, la música experimental y la poesía coordinadas por otros especialistas. Los conciertos tienen precio de bar, no de sala: solo rebasan los 6 euros en casos especiales. El bar se queda un euro por entrada vendida y el resto de recaudación es para el grupo, que no paga alquiler. Además, si viene de lejos es agasajado con una comida casera, la elabora el propio Artur, que, como cantante de Nueva Vulcano, sabe cuánto se valora comer bien lejos de casa. Montar conciertos así no es el negocio del siglo, pero así es como el prestigio del local ha traspasado fronteras.
Una tienda de barrio
El Heliogàbal es la antítesis de esas naves industriales en las que hacinar a la juventud el fin de semana. Es un bar de barrio con vocación cultural. Es el más famoso de su especie, pero no es el único de Gràcia. Cerca está el Elèctric Bar, el Switch, el Cara B, El Col.leccionista... Son locales que desafían la lógica de mercado y la normativa estatal para acercar la música en vivo al público. En realidad, son como cualquier tienda de barrio: comercio de proximidad. Para ir bien, cada barrio debería tener tres Helios.
22/05/2012 Sociedad
23/05/2012 Sociedad