Machete es la versión extendida de un tráiler. El director Robert Rodríguez ha tomado la narrativa original y la ha alargado 100 minutos, y los ha llenado con un relato descuidado -no hay ritmo, ni caracterizaciones- e innecesariamente complicado y una serie de mensajes bruscamente explícitos sobre el tema de la inmigración. Por eso, la película funciona a rachas. A ratos es desternillante, a ratos tediosa.
Información publicada en la página 124 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 01 de octubre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Rodríguez parece inseguro de si está haciendo una película de acción o una parodia-homenaje. Por un lado, durante los estilizados títulos de crédito y la brutal primera secuencia viste sus imágenes con disfraz de cine de serie B de los 70 -celuloide gastado o quemado-, pero luego abandona el truco. Por otro, las secuencias de acción no tardan en resultar rutinarias pese a que son infrecuentes, en tanto que salvo intrépidas excepciones se basan en una previsible sucesión de decapitaciones, empalamientos y desmembramientos rodados de forma caótica. E igual de confuso es el discurso político que convierte al héroe Machete en una versión bizarra de Pancho Villa. Demasiado a menudo, Rodríguez abandona sus aspiraciones exploitation para repetir un vago discurso sobre el trato racista que los políticos y los guardas fronterizos estadounidenses infligen a los mexicanos.
22/05/2012 Sociedad
23/05/2012 Sociedad