El Periódico

Concierto Beatles

Jueves, 30 de septiembre del 2010

Hace tiempo que la vida ha colonizado la literatura con el patriotismo de los astronautas que plantan la bandera de su país en el polvo lunar. En lugar de una enseña ahora hay nombres propios y fechas, sucesos comprobables, geografías recorridas y confidencias de diarista o autobiógrafo. El barro caliente de la experiencia propia, como siempre, es la materia de la imaginación creativa, pero ahora se deja al desnudo su marca de origen, sus impurezas y las señales de su pertenencia. Sigue siendo un artificio, un juego dirigido a crear ilusión de verdad, pero, como la porción de verdad en la ficción es ahora más ostensible que nunca, lo que se produce es lo contrario, una sospecha de embeleco. El novelista que acarrea toneladas de realidad a su obra siempre tiene a su disposición el socorrido argumento de que cualquier cosa que entra en la novela se noveliza, lo que suena a eximente y, por tanto, parece implicar algún sentimiento de culpa.

Nada de eso es aplicable a un libro recién publicado que es muchos libros (y no solo por sus 1.216 páginas), tan tupido de verdad como alérgico a las Verdades. Se titula Visión desde el fondo del mar pero podría titularse Retornos o Rescates, no es una novela -pero puede leerse como tal sin violentarlo- y lo ha escrito Rafael Argullol en una lenta y valiente decantación de seis años que resumen una vida de intelectual en tránsito.

Tránsito literal para el viajero de espacios y culturas y tránsito figurado para el escritor que se ahoga en los corsés de género y necesita respirar el aire fresco de una expresión extraterritorial. Por eso este libro felizmente extraño que se inicia con la Eva mitocondrial (la madre de todos los seres humanos) y recorre décadas de experiencia de uno de sus descendientes puede leerse como unas memorias y como un libro de viajes, como un ensayo y como un dietario, como un entramado de relatos o como síntesis de una cosmovisión. Filosofía y poesía, pensamiento y mito se alternan y combinan en una rapsodia movida por un vaivén de tiempos, un continuo salto atrás y adelante que pone frente a frente distintos yoes de una misma identidad. No es una novela, pero quien prefiera leerla como una novela de aventuras quizá tampoco ande descaminado.

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