David Nicholls (Hampshire, Inglaterra, 1966) cumplió 40 años mientras estaba escribiendo Siempre el mismo día (Maeva / Columna), una novela romántica que es a la vez un retrato de lo que le pasa a una persona en el tránsito de la juventud a la madurez y una entretenida crónica de la Inglaterra de los 90. Nicholls pertenece a la prolífica cantera de los guionistas de la BBC, a la que muchos críticos serios miran con desconfianza, y sus novelas, a medio camino –para entendernos–, de Marian Keyes y Nick Hornby, están llamadas a ser consideradas algo más que un mero producto para leer en la playa (como afirma Hornby). Nicholls tiene el respaldo de los lectores y su exitosa novela tendrá versión cinematográfica. El 12 de julio empezó en París el rodaje de la película protagonizada por Anne Hathaway y dirigida por Lone Scherfing, la realizadora de la notable An education.
Información publicada en la página 46 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 24 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Concebida como un álbum de fotos, con ingeniosos saltos temporales, la novela sigue la trayectoria de Emma y Dexter que tienen un encuentro sexual fortuito cuando acaban la universidad en 1988 y atraviesan los años siempre con el interrogante de si acabarán juntos o no, a semejanza de Cuando Harry encontró a Sally. Pero la película que Nicholls
tenía en la cabeza era Tal como éramos: «Creo que soy uno de los pocos hombres capaces de confesar que es una de sus películas favoritas», afirma con guasa. «No leo mucha literatura romántica e intento evitar los clichés, quería contar una historia que involucrara por igual a lectores y lectoras».
El propio Nicholls se considera producto de los años 80, «una época airada y depresiva, un tiempo político dividido y polarizado». Al igual que Dexter, su protagonista, él también acabó la universidad en los 90. «Fue como una gran fiesta con mucha autoindulgencia y muchas drogas. También tuvo sus cosas buenas, por supuesto, especialmente en lo que se refiere a la música, pero la metáfora que mejor define esa década es la cúpula del Millenium, construida en el 2000, un gran espacio vacío que no lograron llenar y que jamás sirvió para nada». ELENA HEVIA
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