El diálogo entre Oriente y Occidente llega esta noche al Teatre Grec con el concierto dedicado a la música del floreciente imperio otomano del siglo XVII que dirige Jordi Savall, al frente de la formación Hespèrion XXI. Él y su esposa, la soprano Montserrat Figueras, integran el conjunto de 17 músicos –españoles, armenios, turcos, búlgaros, griegos e israelís– que redescubren obras extraídas de El libro de la ciencia de la música, una importante recopilación realizada por Dimitrie Cantemir (1673-1723).
El célebre violagambista catalán Jordi Savall, junto a su esposa, la soprano Montserrat Figueras, en el estudio de su casa unos días antes del concierto. JOSEP GARCIA
Información publicada en la página 54 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 12 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
«En Turquía, la publicación del disco ha producido un gran debate entre los partidarios de tocar estas músicas como las interpretamos nosotros y los tradicionalistas», explica Savall, que siempre ha estado interesado en descubrir al público de hoy músicas de otras épocas. La diferencia radica en el ritmo que su versión imprime a las obras, que es mucho más vivo de lo habitual. «La música del pueblo, como las folias y las chaconas, por ejemplo, estaban llenas de ritmo. Sin embargo, al llegar a la corte se calmaron y se convirtieron en músicas más pomposas».
Savall ha querido recuperar el vigor original de las piezas populares recogidas por Cantemir. Al fin y al cabo, cada uno es libre de interpretar la tradición porque la tradición se modifica con el tiempo. No es lo mismo la del siglo XIX que la de 1690. «No hay grabaciones del siglo XVII, pero todos los testimonios que tenemos hablan de músicas llenas de vida y de emoción».
Montserrat Figueras, que entrelazará canciones sefardís y armenias entre los temas instrumentales de la corte otomana, asiente. Las piezas que cantará esta noche están teñidas de sonidos de otras culturas. Muchos sefardís se instalaron en Estambul y Esmirna tras su expulsión de España. «La música de estos pueblos es bellísima. En ella no hay nada superfluo. Son canciones que abarcan todos los ciclos de la vida», dice Figueras, que decidió hacerse cantante tras escuchar esta música en voz de la aclamada soprano Victòria de los Ángeles. «Ella me abrió los ojos y los oídos. Me fascinó», recuerda la musa de Jordi Savall.
El primer disco que grabaron ella y Savall con la formación Hespèrion XXI, en 1974, era un doble álbum con músicas cristianas y judías de tradición oral. «En aquella época se consideraba que era música de otro nivel, pero lo cierto es que quisimos afirmar su gran importancia porque tienen una enorme carga emocional y una belleza esencial», comenta Savall. «Son músicas que han ayudado a la gente a sobrevivir; que es una característica de toda música tradicional, ya sea sefardí, irlandesa, armenia o catalana. Son músicas que concentran el alma y la identidad de un pueblo».
RIQUEZA SONORA / La música oriental posee una riqueza rítmica y tímbrica apabullante. «La música otomana tiene más notas y unos ritmos fuera de lo habitual», explica, fascinado, Savall, para quien el disco sobre El libro de la ciencia y de la música es una primera toma de contacto con un mundo que seguirá explorando. «Nos ha abierto la puerta de un espacio inmenso». Un espacio que ya no existe en el mundo actual. «Estamos rodeados de televisiones y radios, invadidos por la información, en un mar de cosas superfluas», reconoce el violagambista. «Antes, el silencio obligaba a crear o cantar juntos. Eso se ha perdido».
Superada la manifestación contra la sentencia del Estatut y la final del Mundial, su concierto será un bálsamo. «Si los políticos y la sociedad dieran más espacio a la música y al arte, habría más posibilidades de entenderse. La música requiere paz interior, escuchar y respetar al otro. Eso se echa en falta en la vida cotidiana y en la política, donde hay una lucha feroz».
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