Cuando, a comienzos de este año, Frederic Amat y Cesc Gelabert aterrizaron en el aeropuerto de Narita, en Tokio, para emprender «la aventura» de componer un espectáculo de danza contemporánea con pinceladas japonesas, la mirada se les llenó de sorpresa. Tal fue la impresión y la fascinación por el país, según confiesan el artista y el coreógrafo, que no les quedó otra que convertirse en «esponjas» y absorber todas aquellas maravillas, que Amat dibujó, fotografió y anotó en cuatro cuadernos. Esas libretas guardan ahora la inestimable memoria del proceso de creación de Ki, un exquisito montaje que, desde hoy y hasta el lunes, acoge el Teatre Lliure, dentro de la programación del Grec, que este año enfoca a la escena japonesa.
Información publicada en la página 67 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 02 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
'Kabuki' y 'noh'
A modo de dietario de viaje, página a página, uno puede llegar a descifrar el camino seguido por Amat y Gelabert hasta culminar en Ki. En esa ruta, se adivinan las emociones provocadas por escenas de teatro kabuki y noh y de danza butoh que contemplaron los primeros días de su llegada a Japón, la ceremoniosidad de las veladas compartidas frente a humeantes tazones de té, la calidez del baño en un onsen, el impacto causado por el descubrimiento de Yamaga, la pequeña y acogedora ciudad donde hace algo menos de un mes se estrenó la obra, y de su teatrillo... La pena es que el artista, si no se arrepiente, no piensa convertir sus hermosos apuntes en una exposición: «Estas libretas ya han cumplido su misión. Todo lo que hay en ellas ya está en Ki, en el espectáculo».
Tiene razón Amat. Ki –el título significa madera en japonés, pero también energía– encierra «todas las respuestas intuitivas a aquellas imágenes que nos impactaron cuando llegamos», afirma Cesc Gelabert. Entre las que más le subyugaron, señala el Yachiyoza, el teatro centerario de Yamaga, una joya de madera, orgullo de los vecinos del lugar. «Al pisarlo, mis pies se fueron impregnando de su historia. Además», apostilla el bailarín, «me recuerda al Lliure de Gràcia, un teatro verdaderamente especial para mí».
No espere el espectador que vaya a ver Ki encontrarse con un montaje al uso, con su argumento, su dramatización y su mensaje. Ki pertenece a otra dimensión: la de la poesía visual. Para disfrutar de esta pieza –que, junto a Cesc Gelabert, bailan, el versado maestro de butoh Katsura Kan, convertido sobre la tarima en un colorido onnagata (actor que en el kabuki interpreta papeles femeninos), y el joven Tomohiko Tsujimoto, educado en la danza contemporánea y el break dance y bendecido con un cuerpo de lo más espectacular–, solo hay que dejarse llevar y fundirse con lo que está sucediendo en el escenario, incluida la típica música que acompaña al teatro nipón.
07/02/2012 Gente
08/02/2012 Ocio y Cultura
07/02/2012 Economía