Aunque DJ Undo (Gabriel Berlanga) peina canas desde hace tiempo, pocos podían pensar que, pinchando cada fin de semana, tuviera dos hijos. Y eso fue lo que le animó a actuar ayer en la jornada inaugural del SónarKids y llevarse a sus retoños al festival. «No es impedimento ser pinchadiscos y tener familia. Estoy más horas con mis hijos que la gente con trabajos más normales», asegura. Algo que confirma su mujer, Violant Rué. «Para mí es lo normal. Tiene ventajas como hacer fiesta entre semana. Y para los niños, convivir con música es enriquecedor».
Normal que todo funcione tan bien. Ella maneja, además, la agencia de contratación de artistas Ona Booking. «Vivimos todos en el mismo barco», comenta Rué. Sus dos hijos, Aleix, de tres años, y Adrià, de cuatro meses, viven la música con pasión. Especialmente el primero. «Le encanta toquetear los discos. Incluso tenemos una composición juntos: La cançó del drac. Y ya tiene sus grupos favoritos como Moderat, The Pains of Being Pure at Heart y David Bowie», enumera Berlanga. «Pero si no le gusta algo que ponemos, pide que lo quitemos», interrumpe Violant.
Undo fue uno de los ocho artistas que tocaron ayer en el festival. Los niños disfrutaron mucho de las sardanas y las habaneras de ElecroToylets, y del jazz de Jimi Tenor. También aprendieron a hacer música de la mano de Guillamino.
«Me han puesto a una hora rara, entre cosas que no son electrónica. Pero como los padres querían bailar, he improvisado y he tomado una senda con cosas animadas, pero suaves, que un niño pueda entender», argumenta Berlanga. Por ejemplo, sonó una remezcla de Audion a Hot Chip, que lo mismo funciona a las cinco de la madrugada como a la hora de comer. «Tiene una melodía muy infantil, que era lo que pretendía, buscar canciones limpias y accesibles». Y así, mezcló clásicos (Daft Punk y Everything but the girl) con delicatesens como Raymond Scott, un tipo que en 1963 publicó un disco para bebés. «Fue el regalo que me hizo mi amigo León cuando nació Aleix». Curioso fue el momento en el que pinchó Four Tet. «Empieza con la grabación del corazón de su hijo. Es muy fuerte porque tres semanas antes de salir el disco yo grabé el de Adrià, y por lo que parece Four Tet pensó lo mismo», exclama.
El volumen de la música era el adecuado para que ningún niño se quejase, aunque había algunos que bailaban animosamente con los cascos protectores provistos por la organización. Llamó la atención un padre y un hijo que iban con sendas camisetas de Plastikman, que actuará la semana que viene en el Sónar de adultos.
Emotivo fue el final de la sesión, en el que el pequeño Aleix puso Such great heights, de The Postal Service. Padre e hijo bailaron con la misma alegría que el público. Entre ellos, MouseUp, pinchadiscos que abrió la primera edición del Sónarkids, y que iba acompañado por su vástago, Óscar, que estaba más por su monopatín que por la música.
Porque este festival no es solo electrónica; hay un taller de confección de prendas con el diseñador Josep Abril, unas pistas para practicar el fingerboarding (monopatines en miniatura que se conducen con los dedos) y un estand para comer hamburguesas del chef del Santa, Paco Guzmán. «Hemos visto la clase de baile, ha sido muy entretenida. El plan es dar una vuelta y guiarnos por lo que le apetezca a Aleix. Pasaremos por la pista de patinaje, el mural de pintura de Jordi Labanda y el street art. Y mañana, más», promete Gabriel.