Lo primero que se supo por aquí del belga Bernard Quiriny, un treintañero que trabajaba como periodista en Cronich'Art, provino de un artículo de Enrique Vila-Matas. El joven autor, al parecer, había tenido la osadía de incluir al escritor barcelonés como personaje de su primer libro, L'Angoisse de la première phrase (2005). No solo eso: podría decirse que se había atrevido a asesinarlo. Como respuesta a semejante juego de complicidades, el autor de La asesina ilustrada prologa ahora Cuentos carnívoros, la segunda obra del belga, la primera traducida al castellano, y lo hace con un relato que remata el guiño: en él, Vila-Matas se identifica con el personaje fetiche de Quiriny, Pierre Gould, y decide reclamar la autoría de L'Angoisse...
LA VENUS ATRAPAMOSCAS / Bastarán tales elementos para que mucha gente se lance a devorar, nunca mejor dicho, estos espléndidos 14 cuentos publicados por Acantilado. Y harán bien: son relatos tan redondos, tan inquietantes, tan poderosos en su género que no es de extrañar que al hablar de Quiriny aparezcan referentes como los de Edgar Allan Poe o Jorge Luis Borges.
Después de leer sus piezas sobre una mujer-naranja que es bebida por su amante, el trabajador de un banco que capta las conversaciones sobre él a kilómetros de distancia, la afición de Pierre Gould por las mareas negras como espectáculo, la leyenda del zveck como origen de borrachos perennes y la dañina pasión del botánico Latourelle por plantas como la venus atrapamoscas, Poe y Borges aparecen sin cesar: en su dominio del género, en su inclusión de perturbadores elementos fantásticos en entornos realistas, en su querencia a la erudición inventada...
Y, junto a ellos, el propio Vila-Matas (Pierre Gould podría ser obra suya, sí, pero también muchas de sus otras impostaciones vervíboras); el autor de cómics de culto Jose Carlos Fernandes (por sus singulares crónicas musicales, que incluyen a un falso Gaudí); el mítico Thomas de Quincey (El asesinato como una de las bellas artes es una clave explícita del libro); y, por supuesto, en primerísimo término, Julio Cortázar, del cual Quiriny es un perseguidor aventajado. Como el argentino –nacido en Bélgica, por cierto–, el autor de estos Cuentos carnívoros es un narrador hiperdotado que centra el género en la significación, la intensidad y la tensión. Como el gran cronopio, el creador de Pierre Gould quiebra la realidad de un modo revolucionario. Igual que él, en fin, Quiriny narra por knock-out.
ENVENENAR AL LECTOR / La mayoría de estos cuentos merecerían un análisis detallado. Sobre la figura de Gould, sobre la lengua de los yapus, sobre sus peculiares series narrativas. Sobre su precisión lingüística y sintáctica. Sobre su fabulosa amoralidad, en la que la belleza del abismo, por perturbadora que sea, se impone siempre a la razón... Y desde luego por la capacidad de Quiriny para atrapar al lector y envenenarlo sin remedio, igual que las hermosas plantas carnívoras de las que surge el título del volumen. No se pierdan a Quiriny, no olviden su nombre. Hará, está haciendo, grandes cosas en el mundo del cuento. Y para todas ellas, el epígrafe de Ambrose Bierce incluido al principio será una pista infalible: «Si estos hechos pasmosos son reales, voy a volverme loco; si son imaginarios, ya lo estoy».