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"Hemos mejorado mucho. A principios de los años 80 el catalán sólo lo hablaba el 15% de la población. En estos momentos, entre el 60 y el 70% de los ciudadanos lo puede hablar. Otra cosa es que lo hable, obviamente". Así describe el director del Centre de Normalització Lingüística de Cornellà, Enric de Vilalta, el estado de la lengua catalana en esta ciudad del Baix Llobregat.
Vídeo sobre el aprendizaje del catalán en Cornellà de Llobregat a partir del trabajo del Centre de Normalització Lingüística. GEORGINA ALTARRIBA / MARC ARISA
Una mejora debida en buena parte a iniciativas como las que lleva a cabo el Consorci per la Normalització Lingüística, como la iniciativa Voluntaris per la Llengua. El programa promueve la conversación entre personas que hablan habitualmente catalán y personas que necesitan coger fluidez y perder la vergüenza al hablarlo.
La iniciativa nació ahora hace 10 años precisamente en Cornellà y ya se ha llegado a la pareja de voluntarios número mil, formada por el cornellanense Antoni Gimeno y la rumana Mariana Popa.
Diez años y mil parejas dan para mucho
La historia de la mexicana Amalia Guadalupe Ambriz es un ejemplo perfecto para entender qué pasa cuando alguien se sumerge en el programa Voluntaris per la Llengua.
Ambriz llegó hace seis años a Cataluña y se apuntó al programa porqué su marido le recomendó aprender el idioma para conocer tanto la gente como la cultura del país.
Ella así lo hizo y hoy su catalán es tan fluido que ahora es ella la voluntaria que ayuda a aprender catalán a una señora de Cornellà, Catalina Moreno, que vino durante la oleada de inmigrantes del sur de Espanya en los años 60 y 70.
"Es muy bueno para mi porqué me permite compartir con la gente la experiencia de perder el miedo de integrarse, de participar... La señora Cati hace muchos años que vive en Cornellà pero no habla catalán porque la gente cuando ve que somos de fuera nos habla en castellano".
Además, gracias a saber catalán, Amalia Guadalupe Ambriz consiguió un trabajo mucho mejor que el anterior y se gana la vida como mediadora de seguros en una compañía internacional. Saber catalán, pues, no es sólo una cuestión de patriotismo sino que permite imaginar una vida mejor.