El Periódico Sociedad

CRUCES DE ADN

Los tibetanos pueden vivir en altura 'gracias' a los denisovanos

Un análisis genético atribuye la capacidad para vivir con menos oxígeno a una herencia de la enigmática especie, extinguida hace 40.000 años

Los tibetanos pueden vivir en altura 'gracias' a los denisovanos

UCB / Beijing Geonomics Institute

Un doctor haciendo un análisis a un tibetano

ANTONIO MADRIDEJOS / Barcelona

Miércoles, 2 de julio del 2014 - 21:31 CEST

Si los actuales tibetanos están capacitados para vivir sin problemas a 4.000 metros de altitud, en un ambiente con un nivel de oxígeno en el aire tan bajo que incapacitaría a la mayoría de personas, es porque sus ancestros se entremezclaron -tecnicamente, hubo una intromisión de ADN- con los denisovanos, una enigmática especie humana que vivió en Asia central y que se extinguió hace unos 40.000 años.

Así lo sostiene un estudio científico, encabezado por investigadores de la Universidad de California en Berkeley, que ha localizado en un fósil denisovano la misma particularidad genética que permite a los tibetanos sobrevivir sin problemas cardiovasculares en un ambiente hipóxico, con un 40% menos oxígeno que a nivel del mar. Concretamente, se trata de una variante de un gen que regula la producción de hemoglobina, la molécula que transporta el oxígeno desde los pulmones hasta las células de todo el cuerpo.

Los detalles de la investigación se han publicado en la revista científica Nature.

Origen de los tibetanos

La principal hipótesis sobre el origen del pueblo tibetano sostiene que sus miembros proceden de grupos Han, etnia mayoritaria entre los actuales chinos, que colonizaron la meseta tibetana hace 3.000 años. En el proceso, los portadores de la mutación tuvieron capacidad para resistir a la altitud y su herencia se hizo dominante desde un punto de vista demográfico. Ello explica que el 87% de los tibetanos de hoy en día presentan la particularidad genética y, en cambio, pese a compartir un ancestro común, solo la tienen el 9% de los Han.

"Tenemos evidencia muy clara de que esta versión del gen vino de los homínidos de Denisova", ha declarado Rasmus Nielsen, profesor en Berkeley y coordinador del estudio. "Esto muestra claramente que los humanos evolucionaron y se adaptaron a su nuevo entorno al conseguir sus genes de otra especie", ha añadido Nielsen en un comunicado de su universidad.

El ADN de la cueva de Altái

Los denisovanos comparten un ancestro lejano con otras especies del género Homo, incluidos los humanos modernos y los neandertales, y a su vez han dejado parte de su genoma, aunque no más del 5%, en pueblos tan alejados como los actuales melanesios y los aborígenes australianos. También presenta algunas similtudes con los individuos preneandertales de hace 400.000 años localizados en la Sima de los Huesos, en Atapuerca.

Todo esto se ha podido determinar gracias a un análisis del ADN de un hueso de denisovano, concretamente la falange de una niña, que se halló en el 2010 en la cueva que da nombre a la especie, Denisova, en la región rusa de Altái.

El gen analizado, llamado EPAS1 y conocido desde el 2010, se activa cuando los niveles de oxígeno en la sangre disminuyen y provocan la producción de más hemoglobina. "Es conocido como el gen de los superatletas porque algunas de sus variantes ayudan a aumentar rápidamente la hemoglobina y, por tanto, la capacidad de transportar oxígeno y aumentar la resistencia", prosigue el comunicado de Berkeley.

A gran altitud, no obstante, las variantes comunes del gen impulsor de la hemoglobina, y su portador, los glóbulos rojos, aumentan en exceso la capacidad de coagulación de la sangre, lo que puede conducir a hipertensión y otras enfermedades del corazón. A gran altitud, la variante de los tibetanos eleva la hemoglobina y los niveles de glóbulos rojos solo de forma moderada, lo que evita los efectos secundarios observados en el resto de personas.

"Una parte del gen EPAS1 de los tibetanos es casi idéntica al gen en los denisovanos y muy diferente de todos los otros seres humanos", ha comentado Nielsen. Además de su baja frecuencia en los Han, el gen tampoco se registra en ningún otro grupo humano, ni siquiera en los melanesios.

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