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NOVELESCA RECUPERACIÓN DE UNOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS

Egiptólogo y detective

Las pesquisas de un arqueólogo catalán permiten localizar jeroglíficos saqueados

Jueves, 16 de septiembre del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANTONIO BAQUERO / Barcelona
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Saquear la excavación de un arqueólogo es como entrar a robarle en su casa. Por eso, para ellos, no hay mejor venganza que luchar para recuperar las piezas expoliadas.

Una pieza recuperada en Barcelona. EL PERIÓDICO

Cervelló (sentado) y Bosch examinan inscripciones de la tumba. EL PERIÓDICO

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Información publicada en la página 24 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 16 de septiembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Ese sentimiento empuja hoy a Josep Cervelló, director del Institut d'Estudis del Pròxim Orient Antic de la Universitat Autònoma de Barcelona, que en 1997 recibió la autorización egipcia para hacer una prospección en una tumba en Kom el-Khamassin, un enclave de Saqara, la ciudad de los muertos de la población faraónica de Menfis.

Era un proyecto interesantísimo, pues se trataba de sacar a la luz el interior de la valiosa tumba de Imephor, que en el 2200 antes de Cristo había sido sumo sacerdote del Ptah, el dios de la magia y la máxima deidad de Menfis. A los dos años, en 1999, la tumba fue saqueada y el proyecto de excavación quedó arruinado. De los jeroglíficos de las paredes solo quedaron piezas sueltas y dañadas. Los ladrones arrancaron las inscripciones.

Un estilo único

El equipo de egiptólogos catalanes volvió a recibir un permiso, esta vez para trabajar sobre los restos. «Es un estilo único. Por el tipo de signos, por cómo están grabados», comentó ayer Cervelló por teléfono desde Lisboa, donde tenía que dictar una conferencia. «El modo en que estaban inscritos algunos signos no se da en ninguna otra parte», comentó el egiptólogo, que destacó como elemento distintivo «cómo está grabada una figura que tiene forma de lágrima y simboliza la carne».

Las largas horas examinando al detalle bloque tras bloque de piedra caliza permitieron que Cervelló pudiera reconocer en cualquier parte y a simple vista la escritura de la tumba de Imephor. Así que cuando hace un año un colega le comentó que había visto en una galería de Madrid una pieza que le recordaba a las de esa tumba, el egiptólogo corrió a su ordenador y, consultando la web del establecimiento, constató que la pieza era una de las saqueadas. Inmediatamente, contactó con Zahi Hawass, jefe del Consejo de Antigüedades egipcio, que hizo con éxito un requerimiento para que la pieza fuera devuelta a Egipto.

«Habían pasado casi 10 años y la aparición de esa pieza significaba que aquel material robado ya empezaba a salir a la luz», explicó Cervelló, que comenzó a rastrear las webs de anticuarios de todo el planeta. «En una galería en Australia encontré una estatuilla de esa tumba», comentó, y explicó el procedimiento habitual en estos casos: «Las piezas permanecen un tiempo ocultas y van pasando de mano en mano hasta que en un anticuario obtiene un certificado falso conforme su origen es legal. Luego llegan a un anticuario que desconoce que son robadas y las pone a la venta».

Semanas atrás, la casualidad volvió a ayudar a Cervelló. Una de las estudiantes de su máster de Egiptología vio en el escaparate de un anticuario en Barcelona dos piedras grabadas que, por su belleza, le llamaron su atención. «Cuando me explicó cómo eran saltaron las alarmas». Pidió a Francisco Bosch, un egiptólogo que trabajó con él en la tumba, que pasara por la galería para echar un vistazo a las piezas: «Nada más verlas, me llamó muy agitado».

La pista británica

Las piezas estaban a la venta, lo que disparaba el peligro de que en cualquier momento alguien las comprara. «Como no había tiempo, en vez de contactar con Egipto lo que hice fue poner el caso en conocimiento de la fiscalía, que lo comunicó a los Mossos d'Esquadra».

Agentes de la Unitat Central de Patrimoni Històric de los Mossos se desplazaron a la galería y encontraron ocho piezas. El peritaje de Cervelló confirmó que eran robadas. «Creemos que el anticuario que las vendía -por entre 2.000 y 10.000 euros- no sabía nada», dicen fuentes de la investigación, que sigue abierta. Los Mossos intentan reconstruir el circuito de las inscripciones y han enviado una solicitud a las autoridades británicas, pues el anticuario barcelonés las compró en el Reino Unido.

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