Si Félix de Samaniego escribiese hoy su undécima fábula, en lugar de moscas y miel podría utilizar humanos y las redes de telefonía móvil, pues, más allá de la forma de panal que tiene la geometría de estas redes, parece que, después de engolosinarnos con todo tipo de facilidades para que podamos estar conectados constantemente, ahora las operadoras nos hacen saber que eso de las tarifas planas ilimitadas tiene que acabar porque, dicen, sus infraestructuras no dan abasto. Han descubierto, precisamente ahora, que las redes de telefonía móvil no pueden soportar el tráfico que las posibilidades de los móviles inteligentes nos ofrecen: música, vídeo... Dicen también que se trata de unas redes diseñadas para llamadas de voz espaciadas y que ahora se les pide más de lo que pueden dar de sí. Lo hacen con cifras: un vídeo de Youtube equivale a medio millón de SMS simultáneos. No podemos dejar de preguntarnos si es cierto que la situación les ha cogido por sorpresa o que, simplemente, ya lo sabían y ahora que nos tienen bien pillados quieren arreglar el problema con la consabida técnica de hacer pagar más por un bien que se ha convertido en escaso, como es la capacidad de estas -sus- redes.
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 05 de septiembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Los primeros indicios de que las cosas no iban bien aparecieron en Nueva York y San Francisco de la mano del éxito del iPhone de Apple. Se convirtió en una obligación -porque era posible y cómodo- aquello del acceso en movilidad. Pero pronto la red de ATT, la operadora que tenía la exclusiva del iPhone, comenzó a mostrar su fragilidad ante el incremento de la demanda generada por estas nuevas maravillas. Poco después comenzaron los globos sonda de las operadoras: el primero fue que era preciso que aquellas empresas que hacen negocio usando su infraestructura -como Google y todas las que ofrecen contenidos- pagasen una tasa. La respuesta, fácil y contundente, fue que, sin contenidos y herramientas para buscarlos, las redes estarían vacías, sin tráfico, y por consiguiente sin negocio tampoco para las operadoras. El paso siguiente ha sido cuestionar las tarifas planas ilimitadas, que de hecho ya no existen, puesto que la mayoría de esas tarifas tienen un límite de tráfico, superado el cual baja sensiblemente la velocidad de descarga a la línea asociada. La paradoja reside aquí en el hecho de que, precisamente, son las tarifas planas las que han hecho posible el gran aumento de abonados y de gasto.
En el fondo, el problema es muy simple: las operadoras ven que sobre sus infraestructuras se montan negocios que comienzan a dar más beneficios que el suyo y quieren una tajada. Es por eso que exhiben descaradamente la magrura de sus redes para exigir a unos y otros que paguen más por sus servicios, para que la fiesta pueda continuar. Pero si es cierto que las infraestructuras no dan de sí, aquí lo que está pasando es que han vendido más peces de los que habían pescado. Y esta es una práctica que tiene un nombre.
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