Nunca se les ocurrió hacer huelga días antes de los Juegos; tampoco exigieron millones por participar en la cita más importante del deporte mundial. Ellas, 16 chicas elegidas entre algo más de 400 fichas, han puesto dinero de su bolsillo por participaren Barcelona-92. Han recibido 75.000 pesetas al mes siempre y cuando el Consejo Superior de Deportes aceptara los comprobantes remitidos por la federación española. Por amor al deporte, han percibido 800.000 pesetas por toda la preparación olímpica. Y, así, con ilusión, mucha ilusión, subieron un 7 de agosto de 1992 a lo más alto del podio. Un éxito, un triunfo de entrega e ilusión.
Sonia Maribel, Nuria, Nagore,Virgo, Mercedes, Masa y Maider, en la Villa Olímpica. España ganó a Alemania en la final olímpica de Terrassa. JULIO CARBÓ
Dieciséis amateurs rompieron con el deporte actual, marcado por las cuentas corrientes. “Es romanticismo. Hacen esto por motivos exclusivamente amateurs, por la magia de ser olímpicas. Porque, por no tener, no tienen ni expectativas de futuro dedicándose al hockey. Es fantástico”, comenta José Brasa, el seleccionador de las chicas desde 1985, cuando no había ni dinero ni apoyos para impulsar a una selección que nadie quería dirigir por la dramática ausencia de expectativas.
José Brasa, José Antonio Gil, su segundo y responsable de la selección sub-21, y David Pérez, preparador físico, comenzaron a trabajar a fondo con dos ordenadores desde enero de 1990. Las bases estaban marcadas después de reducir el grupo a 25 jugadoras. Dejaron los estudios, sus trabajos, incluso su ciudad ante tantas giras y partidos. Todo por el hockey. Todo, absolutamente todo, por ser olímpicas, una palabra mágica en el mundo del stick.
Por eso, algunas de estas medallas de oro han decidido abandonar la selección después del triunfo más importante del deporte femenino español. Es normal. Unas amateurs, estudiantes, secretarias, pedagogas o licenciadas de INEF, han soportado unos entrenamientos más fuertes y modernos que esos futbolistas españoles acostumbrados a pocas horas de esfuerzo y fichas millonarias.
Mercedes, Mariví, Celia, Masa, Teresa, Eli y Virgo tienen la intención de abandonar el hockey de alto nivel después de darlo todo en los últimos meses. Es ley de vida. Algunas rescatarán el título universitario y se pondrán a trabajar por primera vez en su vida. Pero, a lo mejor, después de unos días de descanso en Menorca, cambian de opinión.