El palco de autoridades vibró de diferente manera en la ceremonia inaugural. El brillante espectáculo de La Fura dels Baus marcó la temperatura de los vips y, con el desfile de los países participantes, prácticamente se rompió el protocolo. La explosión de júbilo llegó cuando sobre el tartán apareció el príncipe Felipe como abanderado de España. La Reina saltó de alegría, agitó los brazos y, entre los aplausos de todos puestos en pie, la infanta Elena rompió a llorar. La inauguración levantó de sus asientos a jefes de Estado, reyes de países exóticos, príncipes herederos y personajes ilustres del Comité Olímpico Internacional.
El programa obligó a los Reyes a esperar durante unos minutos hasta su aparición en el palco presidencial, a los sones de EIs Segadors. La Reina, sin embargo, pidió a sus escoltas que le dejarán un hueco para seguir los primeros pasos de la ceremonia.
Al inicio hubo, aparentemente, demasiada frialdad entre las autoridades asistentes. Circunstancia que sólo rompieron el Monarca y el presidente del COl, Juan Antonio Samaranch, quienes mantuvieron una animada charla. Juan Carlos tuvo que animar a sus compañeros de asiento. Felipe González y Pasqual Maragall aparecían con rostros tensos, como deseando que nada alterase la ceremonia.
Según avanzó la fiesta, respiraron tranquilos y se zambulleron de lleno en el espectáculo. Incluso, participaron en toda la parafernalia reservada al público para dar más color.
Superada la solemnidad del arranque, con himnos y sardanas, conquistado el cuerpo en sus asientos, el palco se sumó a la fiesta. Cada uno a su manera.
La Reina celebró con Carmen Romero el aire flamenco. El Rey pidió unos prismáticos justo cuando Cristina Hoyos irrumpió por la puerta sur a lomos de un caballo. Algunos de los jefes de Estado iberoamericano sacaron antes de tiempo las máscaras y abanicos, preparados para cuando apareciera La Fura deIs Baus. Alguno de los ministros españoles se sumó al juego.
El protocolo hizo coincidir como vecinos de asiento a Alfonso Guerra y José María Aznar. El exvicepresidente del Gobierno y el líder del Partido Popular se ignoraron hasta que el Mediterráneo de La Fura deis Baus les obligó a reconciliarse. Llegaron incluso a comentar aspectos de la ceremonia. El expresidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo perdió también su tradicional gesto serio para sumarse al ambiente festivo. Junto a ellos, Miquel Roca Junyent y Julio Anguita. Filas más abajo, compartían localidad Àngel Colom y Raimon Obiols.
La emoción vivida por la Reina, cuando surgió su hijo Felipe al frente de la delegación española, fue compartida por casi todos. Fidel Castro tuvo su ramalazo nacionalista, como todos sus colegas, cuando apareció la delegación cubana. Nelson Mandela se puso en pie ante una Suráfrica escasa de atletas negros. El público también se sumó al jolgorio de un desfile que, en principio, parecía tedioso. Los atletas más aplaudidos, tras los españoles, fueron los bosnios, croatas, bálticos y andorranos.
En el palco nadie comentó la ausencia de la princesa Ana de Inglaterra. La presidenta del Comité Olímpico Británico prefirió cenar en el hotel Princesa Sofía, con sus dos hijos, Zara y Peter, que acudir a la inauguración olímpica, según informa Juan Poch Soler