Las tortugas autóctonas del delta del Llobregat no pasan por un buen momento. Se las conoce como tortugas de agua ibérica, aunque en ambientes más cultivados se las denomina galápagos leprosos. La mención a esa enfermedad tan medieval se explica por el aspecto de su caparazón. Al parecer, las algas se enganchan en la cáscara y puede dar la sensación de que se les cae la piel a tiras. No pasan buena racha porque en su hogar se está imponiendo un primo cercano, la tortuga de Florida, que ya supera en número a la población local. Para igualar las fuerzas, el Zoo de Barcelona ha decidido echar una mano: 12 de estos animales ya viven en el parque para intentar reintroducir a sus crías cuando tengan dos años. Se espera que unos 80 hijos de estos escogidos -10 hembras y dos afortunados machos- incrementen la manada del delta cada año.
Información publicada en la página 41 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 20 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La presentación se hace en un estanque preparado para la ocasión que hasta la fecha era una fuente ornamental más. Se ha colocado vegetación proveniente de la desembocadura del río, así como troncos para que trepen y una zona de tierra sobre la que contemplar su frénetica actividad. También se ha levantado un pequeño muro de 30 centímetros para que no huyan. Nadie lo diría, pero son buenas escaladoras.
Resulta curioso que la principal amenaza lleve el sobrenombre de Florida cuando se avecina otro posible peligro con acento americano. Eurovegas, por supuesto. Alguien podría censurar que se hable de la protección de la biodiversidad cuando sobre la mesa hay un macroproyecto de ocio que, de prosperar, sería kriptonita para la flora y la fauna. El alcalde de Viladecans, Carles Ruiz, presente en la botadura de los animales, apela al «sentido común» para que el proyecto no se instale en las zonas protegidas del delta.
Sònia Recasens, teniente de alcalde y presidenta del zoo, esquiva la polémica asegurando que, según le consta, el sueño de Sheldon Adelson no iría dentro del coto natural. Un técnico del consorcio del Llobregat lo ve distinto: «Es evidente que no traerá nada positivo, más bien todo lo contrario». En cualquier caso, y a la espera de que el octagenario magnate deshoje la margarita, para el edil metropolitano «será un placer venir al zoo para contempla un pedazo de Viladecans». Más adelante, Dios dirá.
Hipopótamos de obras
La modernización del parque de la Ciutadella y el concepto tortuga comparten la misma velocidad de crucero. Ambos van lentos a pesar de ir todo lo deprisa que pueden. En el animal, la explicación está en esa concha que separa sus piernas y deja poco margen de maniobra. En el caso del zoo, es la crisis y las prioridades municipales las que aletargan el paso. El plan estratégico está pensado a ocho años vista, o lo que es lo mismo, ir despacio pero seguro. Ya se está trabajando en el espacio de los hipopótamos, que están de obras desde hace 10 días. Tendrán mejor piscina y playa privada. Harán fiesta de inauguración en septiembre. Luego le tocará a los elefantes. Se comerán el terreno de los camellos camino de esa gran superficie soñada: la sabana.