Lo que a continuación viene es un caso periodísticamente inusual. Las tres partes implicadas -una familia desahuciada, el Hospital de Can Ruti y el Ayuntamiento de Badalona- cuentan la historia exactamente igual. No hay discrepancias. No hay acentos distintos. Pocas veces es así en un caso como este. Así que nada mejor que exponer los hechos y que cada lector saque sus conclusiones.
Mónica Sánchez y sus padres, José e Isabel, en la entrada del Hospital Germans Trias i Pujol de Can Ruti. RICARD CUGAT
Información publicada en la página 38 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 06 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Mónica Sánchez y sus padres, José e Isabel, fueron desahuciados por impago del alquiler de su piso de Badalona en enero del 2011. La renta era de 550 euros mensuales. «Era más de lo que podíamos pagar», explica la hija. Comenzó entonces la peripecia de los Sánchez. La madre, que necesita tres sesiones semanales de diálisis, pasó unas semanas en una residencia, y padre e hija fueron primero de aquí a allá, hasta que ya juntos los tres otra vez alquilaron dos habitaciones en un piso por 300 euros al mes. La mujer a la que le alquilaban las habitaciones, sin embargo, tampoco pagaba al dueño del piso, así que en diciembre se encontraron de lleno en un nuevo desahucio. Comenzaron entonces una ruta en busca de un vestíbulo de hospital en el que vivir. «No queríamos ir, por supuesto, a un cajero, pero tampoco reventar la puerta de un piso y ocuparlo sin más».
Probaron con Sant Pau y el Hospital del Mar, en Barcelona, pero sin éxito. Tampoco en el Vall d'Hebron y en el Esperit Sant les fue bien. En enero, sin embargo, encontraron un rincón en Can Ruti del que ya no se han movido. Su 'hogar' son dos bancos de madera situados sobre el vestíbulo principal del centro sanitario. Desde la calle se les ve perfectamente. Parece un escaparate. Los padres duermen en las sillas. La hija, en el suelo.
Lo primero que sorprende es que apenas tienen nada personal allí. Lo que un día fue su casa de verdad está guardado en un trastero de alquiler, por el que pagan 164 euros al mes. Cuando necesitan ropa o cualquier otro enser, van allí a buscarlo. Su nueva casa es un pasillo de Can Ruti. Tanto es así que, en lo más insólito de esta historia, a la madre tres días por semana viene a buscarla una ambulancia desde Barcelona para trasladarla a una clínica de diálisis del barrio de Horta. Se va a las 4.15 horas y vuelve a las nueve de la noche. No parece que vivir en unas sillas sea lo que más le conviene. Tampoco al padre. Antes era conductor de camión. Hoy es un hombre muy apagado. Apenas habla. A veces llora.
Los Sánchez, con todo, no son una familia olvidada por los servicios sociales. El Ayuntamiento de Badalona les ha ofrecido en los últimos meses dos pisos muy asequibles, de unos 200 euros al mes, porque cree que los pueden pagar. La hija reconoce que sus padres tienen unos ingresos conjuntos de 1.086 euros al mes. «Eran pocilgas», asegura la hija. El caso parece un laberinto sin salida, lamenta David Gómez, concejal del Ayuntamiento de Badalona, que el pasado miércoles fue en personal a Can Ruti a darle un ultimátum a la familia. «Tienen que irse», afirma. Lo mismo pide una portavoz del centro hospitalario: «La función de Can Ruti no es la asistencia social, es la medicina, y, según como, esto puede acabar acarreando problemas higiénicos».
La historia, de forma sucinta, es esta. Una familia vive desde hace nueve meses en un pasillo de Can Ruti. Les quieren echar. Ese será otro capítulo.