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De manera intermitente, desde que abrió hace cerca de una década, el comedor social Reina de la Paz de las Misioneras de Teresa de Calcuta, en el local anexo a la parroquia de Sant Agustí, en el Raval, es objeto tanto del aplauso por su labor como de quejas vecinales habitualmente relacionadas con ciertos conflictos que se dan entre algunos usuarios que hacen cola para entrar. Unas denuncias que ahora han vuelto a resurgir de la mano de un grupo de vecinos y comerciantes, que pide al consistorio que organicen medidas preventivas tanto de carácter de limpieza como de orden público, ya que la crisis no ha hecho más que aumentar la afluencia y, con ello, dicen, los agravios.
Inicio de la cola de usuarios del comedor social de la calle del Arc de Sant Agustí, el pasado día 27. FERRAN NADEU
Información publicada en la página 40 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 07 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Uno de los problemas que más malesta, según Óscar Quintano, vecino de la calle del Arc de Sant Agustí y promotor de una recogida de firmas, es que algunos usuarios hacen sus necesidades en la calle, pese a que tienen un urinario en la cercana plaza, y han llegado a amenazar a comerciantes y peatones, ya que presentan evidentes signos de problema mentales y adicción al alcohol. También, cuentan, no son raras las peleas antes de entrar al local, a cuyas puertas llegan muchos días para aguardar turno antes de las ocho de la mañana, algunos visiblemente bebidos y en actitud agresiva.
MEDIACIÓN DE VOLUNTARIOS / Lo sabe el responsable y los clientes de la bodega de enfrente, donde no son raros los episodios en los que más de uno se ha puesto agresivo para entrar, según denuncian. Uno de los clientes habituales del local, Manuel, usuario a su vez de comedores sociales, contaba la pasada semana que los problemas que causa este centro los protagonizan unas pocas personas, pero muy conflictivas.
Una vez se abre el comedor, que reparte unas 400 comidas entre las 10.15 y las 11.15 horas, todos los días excepto los jueves, los conflictos menguan por la mediación de los voluntarios que gestionan las colas. Los perfiles del local, como ya ocurre en la mayoría de servicios que atienden emergencias sociales, son cada vez más heterogéneos: personas autóctonas e inmigrantes, hombres y mujeres con aspecto pulcro y sucio, o, incluso, como siempre ha sido habitual, turistas de mochila y okupas locales y nómadas.
Desde el Eix Comercial del Raval, su presidente, Josep Maria Nebot, considera que el distrito debería de actuar para mejorar la convivencia de este servicio y los vecinos y paliar así una problemática que, recuerda, se viene arrastrando desde hace muchos años. Nebot dijo a este diario que tiene pendiente tratar este tema en un próximo encuentro con Mercè Homs, concejala de Ciutat Vella.
Homs argumenta que no tiene constancia de que se hayan vuelto a producir problemas con el vecindario. Sin embargo, asegura que el distrito activará el protocolo para hacer una mediación, si procede, que solvente el malestar. Las misioneras, por su parte, han declinado hablar con este diario con un amable: «Tenemos mucho trabajo».