Los patios ajardinados, el elegante paisaje interno, el doble voladizo, el gigantesco vestíbulo, los ventanales que se transforman en paredes, la luz natural y, en el altillo cenital, el confort, la estructura de hormigón, las escaleras de barandilla de madera noble sustentadas en hierro forjado, los minimalistas interruptores de acero con mandos de plástico antiguo, las estanterías originales que como los biombos japoneses separan espacios... Cualquier detalle del singular edificio de la editorial Gustavo Gili en la calle de Rosselló número 87, cerca de la Escola Industrial, se mantiene intacto desde el día de su inauguración, ya hace más de 50 años.
Clase magistral 8 La arquitecta Anna Argelagós (izquierda) muestra la editorial Gustavo Gili a los visitantes. JUANJO PÉREZ
Información publicada en la página 42 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 24 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los autores de uno de los pocos ejemplos de la arquitectura industrial moderna de los años 50 que mantiene su carácter original y que sigue en plena actividad en el centro de la ciudad son Francesc Bassó y Joaquim Gili. Este último era primo hermano de Gustavo Gili Esteve, quien en 1954 les encargó el proyecto de construir una editorial funcional avanzada a su tiempo. El edificio fue inaugurado el 13 de junio de 1961, año en el que fue reconocido con el prestigioso premio FAD de Arquitectura.
Ayer, con motivo del día de Sant Jordi, la editorial programó dos jornadas de puertas abiertas a las que asistieron muchos estudiantes de arquitectura, entusiasmados por poder contemplar un inmueble que se avanzó a su tiempo. Es la segunda vez que la empresa especializada en la edición de libros de arquitectura, de fotografía, de arte, de diseño y de urbanismo, que codirige Mònica Gili con su hermano Gabriel, muestra su actividad interna y la peculiaridad del interior de un edificio pensado para mejorar la calidad de vida de los trabajadores. «A partir de ahora, vamos a convocar más visitas». La próxima se baraja para la próxima edición de la Semana de la Arquitectura, que suele celebrarse en septiembre.
Francesc Bassó era especialista en el cálculo de hormigón armado, por lo que su participación fue clave en el proyecto del Camp Nou inaugurado en 1957. En cambio, Joaquim Gili tenía un enfoque más artístico. Ambos pertenecían al Grupo R, que en los años 50 tenía como objetivo promocionar la arquitectura moderna.
La arquitecta Anna Argelagós guía las visitas por la editorial que es un claro exponente del racionalismo. «Por la adopción de estructuras de hormigón y paredes ligeras, muchas veces simples superficies de cristal, por la ausencia de ornamentación, por la estrecha relación entre la forma y la función, empleo de las nuevas técnicas y por una intención social para mejorar la calidad de vida», argumenta la arquitecta.
Argelagós cita como referente a Charles Edouard Jeanneret-Gris, conocido popularmente como el emperador de la arquitectura moderna, que se especializó en el hormigón armado y en las técnicas para su utilización en estructuras.
Un lienzo de cristal
Para Le Corbusier, la arquitectura es el juego sabio y magnífico de los volúmenes frente a la luz del sol. Y así es la primera planta de la sede de Gustavo Gili, que reivindica la fachada como obra de arte, como un lienzo de cristal y hormigón en el que las amplias ventanas sustituyen a las tradicionales para recorrer longitudinalmente la pared externa, un factor importante ya que con ello el interior gana luz.
La arquitecta asegura que el proyecto inicial era fiel al plan de Ildefons Cerdà de proteger los patios interiores de las islas del Eixample. «En un principio había más zonas ajardinadas, pero por motivos de racionalización del espacio han ido a menos». Aún así, las oficinas tienen vistas fantásticas a un estanque, lo que produce una agradable sensación de bienestar.
En el interior destacan dos enormes vigas con forma de la letra v, que sujetan un voladizo que aporta luz cenital al altillo que carece de paredes en el lado que da al vestíbulo. «Esas vigas son una gran solución arquitectónica. En eso, Gili y Bassó fueron unos precursores», señala Argelagós.
Mònica Gili asegura que por estética, el interior del edificio es el espacio «ideal» para grabar un capítulo de Mad Men, la serie de culto creada por Matt Weiner sobre los publicistas de los 60.